
LA VERGÜENZA NACIONAL
Así decía en junio de 2020, y lo sigo manteniendo.
No cabe duda de que tenemos unos parlamentarios groseros, maleducados, zafios y ordinarios a más no poder. De esa zafiedad barriobajera, afortunadamente algunos se escapan, muy pocos, y en momentos en donde todos, sin exclusión, debieran esforzarse un poco, o mucho, al menos por lo que cobran de los contribuyentes, en trabajar en pro de la mejora de la situación, tanto sanitaria, como económica, como escolar, industrial, de investigación y tecnología, en vez de ser unos incendiarios buscando bronca a cada paso, sería de agradecer, pero eso no cuenta con ellos, su ordinariez, sus frases obscenas, su bajísima calidad y cualidad, sonrojan a cualquier persona decente. La ciudadanía, debería ya de una exigir que esa gente que dice representarnos no lo diga nunca si no cambian de actitud, porque no creo que España sea una nación de groseros, maleducados, zafios y ordinarios; al menos la España mayoritaria. Que en minoría los hay es innegable, pero no debemos consentir que, por mucho ruido, por mucho grito, por mucho relinche que suelten, presenten a España, cara al exterior, como una nación tan escandalosamente patán, baja y despreciable.
Ni los que para tapar esas personales desvergüenzas groseras usan de la bandera, ni los que en nombre de los débiles pretenden representarlos, son dignos de ocupar un edifico noble como el Congreso de los Diputados si no cambian de catitud. Esa gentuza pendenciera, burlesca, llena de odio y de ganas de enriquecerse como sea, que ocupan bancadas que mejor estarían destinadas a hombres y mujeres de verdad, y no a fantoches de baja estopa, niñatos sin clase, mentirosos compulsivos y necios, hay que hacerla saltar de ahí, y que las ocupen mujeres y hombres, de derecha o izquierda, esto es lo de menos, pero más dispuestos al trabajo honesto, y ofrecer respeto y educación al oponente, gestos tan necesarios hoy en día.
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