
Este texto lo escribió el diario madrileño ABC, nada sospechoso de “sanchismo”, “catalanismo”, "rojelio", “podemita” y lo que quieran sumarle. Al contrario, diario muy españolista, católico, monárquico y de los que tienen el cielo ganado y llegado el día se sentará a la derecha del padre.
Pero lean el comentario si gustan y quedarán asombrados y entenderán que lo de la “España de la pandereta” no es un mote acuñado sin sentido. Hay actitudes en España que invitan a considerarla así. Y el problema es que estando ya casi en desuso estas canalladas de la tauromaquia, sea en plan “fino” de las ciudades en los alberos o en plan canalla de la España profunda en las capeas, la llegada de Vox a determinados parlamentos periféricos, le está dando nueva vida, con subvenciones que resta de otras más necesarias para la gente con menos recursos.
Comentario del ABC
“La “España negra” como la “España de la pandereta”, por desgracia no solamente pervive en la leyenda que de nuestro país se han forjado algunas naciones. Ciertos hechos aislados, aparentemente increíbles, nos presentan de tarde en tarde una imagen fragmentaria de nuestro pueblo que bien quisiéramos desterrar definitivamente. Tal es el caso de un pueblecito de Jaén, donde todos los años, en las fiestas locales, se lidian en capea popular varias vacas que luego, enmaromadas, son conducidas a la ermita del Patrón y, una vez bendecidas por el párroco, sacrificadas y su carne distribuida graciosamente entre los menesterosos. Lo que constituye una curiosa y antigua tradición, ha degenerado en espectáculo innoble, cruel, carnavalesco. Perdido el tipismo de la fiesta, las pobres bestias son apaleadas y torturadas desde las barreras con palos provistos de aguijones, hasta cer moribundas antes de llegar al matarife. Este año, uno de los pobres animales, enloquecido, logró escapar de sus verdugos, hasta que, cercado, se arrojó por un precipicio, matándose. Bien quisiéramos negar verosimilitud a un espectáculo semejante. Peo lap persona que nos lo reata, testigo presencial de los hechos, nos merece confianza. Innecesario será divulgar el nombre de la localidad, como innecesario será decir que confiamos en el buen juicio de las autoridades locales, para que pongan fina este festejo, una vez que ha perdido su primigenio y tradicional tipismo.”
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