Hoy durante mi paseo matinal me he sorprendido al ver por la ciudad colocados en las paredes y en gran parte del mobiliario urbano, unos carteles como el que dejo aquí.

Algún nuevo apóstol, especie humana que aparece muy a menudo en el mundo, nos indica que no debemos alimentarnos con leche animal; él sabrá por qué, y por qué hace un gasto en fotocopias y nos empapela las calles.
Luego a no más tardar, quizás aparezca otro iluminado que nos haga saber el daño que le hacemos a la lechuga al arrancarla de su lugar natural, o la canallada de cortar la alcachofa de su mata la alcachofera… si es que los humanos somos tan imperfectos que no nos damos cuenta del daño que hacemos a otros seres vivos..., o cuando le robamos al río parte de su agua para nuestras necesidades y él se ve imposibilitado de conducirla toda intacta al mar,a otro río o lago o laguna.
¿Y qué decir del aire que respiramos? Lo introducimos en nuestro organismo limpio y puro para echarlo al mundo después contaminado, y quién sabe si oliendo mal si tenemos halitosis.
Seamos sensatos: ni leche, ni lechuga ni alcachofa, ni agua del río ni aire para respirar. No estropeemos la naturaleza. Configuremos una nueva religión... ¿te adhieres? (las alcachofas te lo agradecerán) y piensa: lechugas unidas, jamás serán vencidas.
*
