De verdad que los hay por aquí mucho mejores que yo en este tema. No aportaría mucho.Ver citas anterioresPedreña escribió: ↑26 Sep 2025 20:06 Ya ne he dado cuenta de que Asimov no participa desde enero. Yo pensaba que pinchándole un poco igual salía de su silencio, pero veo muy probable que ya ni siquiera lea las respuestas que damos.
Por cierto, Sabela, ¿tú tienes alguna opinión propia sobre este tema?
Homenaje a la URSS
Re: Homenaje a la URSS
Re: Homenaje a la URSS
Hola, Pedreña.Ver citas anterioresPedreña escribió: ↑16 Sep 2025 18:39 Me interesa mucho el tema que planteas, Asimov (además de que soy un gran aficionado al escritor de ciencia ficción del mismo nombre). Yo fui uno de los jóvenes rebeldes del 68 en su modesta versión española y siempre he tenido un gran interés por la evolución de la URSS. Creo que aportas gran cantidad de datos válidos (no me importa que la exactitud de alguno de ellos pueda ser discutible). Ahora bien, la cuestión que yo siempre me he preguntado es ¿por qué se derrumbó la URSS y el ideal comunista con ella? Yo creo que esa sería una continuación lógica de tu hilo.
Querría aportar alguna de las ideas que he ido desarrollando al respecto:
En realidad, la URSS desapareció porque su sistema económico se había vuelto obsoleto. Hasta los años 60, mientras se afrontaba la producción masiva de energía e industria pesada, su crecimiento económico había sido rapidísimo; pero cuando tuvo que afrontar la revolución tecnológica, fracasó.
Estas podrían ser algunas de las razones más importantes:
• En primer lugar, su enorme burocracia centralizada impedía tomar decisiones acertadas con rapidez cuando surgía algún problema. Es paradigmático el caso Lysenko, experto que convenció a la cúpula soviética del carácter burgués y reaccionario de los sistemas de selección genética de los países occidentales, causando un retraso de más de 20 años a la agricultura soviética, antes de que se admitiera la inutilidad de esta postura.
• En segundo lugar, los responsables de los centros de trabajo no tenían ningún interés en la modernización de sus factorías, ya que entonces tendrían excedentes de mano de obra que no sabrían dónde colocar. Además, una empresa recibía recursos del Estado según su tamaño, y la importancia y privilegios de sus dirigentes eran proporcionales a ese tamaño.. Era más interesante tener muchos trabajadores que la eficiencia en la producción.
• En tercer lugar, las nuevas tecnologías de comunicación y cálculo se utilizaron en la URSS casi de forma exclusiva en el terreno militar. No solo por las razones citadas en el punto anterior, sino por desconfianza en la extensión de unos medios de comunicación que hacían más difícil el control centralizado de la información.
Al final, el sistema quedó bien representado en el famoso dicho: “Ellos hacen como que nos pagan y nosotros hacemos como que trabajamos”.
¿Por qué no fueron capaces de cambiar su trayectoria? ¿No puede evolucionar de forma progresista la dictadura del proletariado?
Teóricamente la dictadura se ejerce sólo sobre la burguesía, representando el nuevo Estado la mayor de todas las democracias para el resto del pueblo. En la práctica, como el pueblo está imbuido aún de la ideología dominante en la situación anterior, se eliminan las libertades de expresión, de reunión y asociación. Sólo "el partido", armado con la "infalible teoría marxista", está capacitado para decidir el futuro de la sociedad. Más aún, como el partido está regido por la estructura piramidal del llamado "centralismo democrático", sólo la cúpula del partido tiene verdadera capacidad de decisión. La dictadura del proletariado se ha visto sustituida en todos los casos por la dictadura de la élite revolucionaria.
Podríamos pensar que nos hallamos ante una suerte de despotismo ilustrado, una especie de gobierno para el pueblo sin el pueblo. Podríamos pensar que a largo plazo esta dictadura de unos pocos es capaz de generar una verdadera sociedad socialista. ¿Ha sido así?
En realidad, en los países del socialismo real, la antigua división de clases se ha visto sustituida por una nueva, de la que podemos citar sus escalones más importantes:
• Una pequeña cúpula dirigente, responsable de todas las decisiones importantes, tanto en lo referido a aspectos económicos como sociales y políticos.
• Una sección de cuadros (la base del partido) que dirige las comunidades locales y los organismos de producción, propaga las directrices entre el pueblo y vigila su cumplimiento.
• La gran masa de trabajadores de la ciudad y del campo, sin ninguna capacidad de decisión política ni socioeconómica.
La pertenencia a los sectores altos de la pirámide lleva aparejada no sólo mayor capacidad de decisión sino también mayores privilegios de consumo, aunque tales privilegios sólo están garantizados mientras uno mantenga su puesto en la escala de poder. Por eso estos países se convierten en gerontocracias: una vez que uno alcanza un buen puesto, lucha por mantenerse allí la mayor cantidad de tiempo posible. No se pueden reconocer errores que lleven a pensar que, a lo mejor, otro es más competente. No se pueden admitir personas con pensamiento crítico alrededor, personas que quizás puedan desplazarnos de nuestras poltronas. Es mejor rodearse de aduladores, dispuestos a respaldarnos ciegamente a cambio de algunos privilegios y chanchullos. De esta forma, unas décadas después de la revolución, los dirigentes sociales no eran los más competentes administradores y mejores revolucionarios, sino los más hábiles y cínicos conspiradores burocráticos. Solo así puede entenderse que muy pocos años después de desaparecer la URSS, los dirigentes económicos y políticos de la nueva y feroz sociedad capitalista rusa fueran en su inmensa mayoría antiguos altos cargos del PCUS. ¿Quién diría que el anticomunista Yeltsin del 91 era un miembro del Comité Ejecutivo Central en el año 89? ¿Y qué decir de esos magnates de las finanzas y la mafia que eran dirigentes comunistas hasta 1991?
Para entender el fin de la URSS hace falta conocer su historia de la misma y las tensiones políticas que hubo en ella, y que siempre fueron un reflejo de la situación socioeconómica del país.
Una vez producida la revolución de Octubre aparecieron dos líneas de pensamiento económico en el partido comunista. La primera estaba representada por Bujarin y era proclive a mantener la propiedad privada, cierto nivel de economía de mercado y los incentivos de lucro, minusvalorando la lucha de clases en el socialismo; la segunda la representaban Lenin y Stalin, y afirmaba que la lucha de clases seguiría presente hasta que llegase la fase final del socialismo (el comunismo). Dicho de otra manera, mientras existieran empresas privadas en un sistema socialista seguirían dándose intereses contrapuestos entre los empresarios y los trabajadores, entre la economía planificada y el mercado. No era una cuestión de intransigencia o radicalismo, puesto que Lenin no tenía inconveniente en asignar un papel al mercado en el socialismo cuando era necesario. Tanto es así que después de la guerra civil rusa se adoptó la NEP (Nueva Política Económica) en la que se permitía la existencia de pequeñas empresas privadas y que los campesinos pudieran vender libremente los excedentes de sus cosechas. Lenin sabía que era un retroceso peligroso, pero al mismo tiempo también era una solución temporal para aumentar la producción. Se trataba de "dar un paso atrás para dar dos pasos hacia delante más tarde", en palabras suyas. Para Bujarin, Trotski y otros líderes bolcheviques, sin embargo, la NEP no era ninguna concesión temporal sino precisamente el tipo de socialismo que debía implantarse en la URSS.
El éxito de la NEP fue relativo, y en 1928 sería reemplazada por los planes quinquenales de Stalin. Pero aún así en la URSS siempre se mantuvo una "segunda economía" de carácter privado que operaba al margen de la economía estatal planificada. Una parte era legal porque la URSS siempre adjudicó, en mayor o menor medida (dependiendo del momento y de cada etapa), un papel legal a la pequeña economía privada, pero otra parte era ilegal y actuaba en el mercado negro, nutriéndose de las deficiencias de la economía estatal y paliándolas en muchas ocasiones, lo que explica por qué fue tolerada en gran medida por las autoridades soviéticas. Los protagonistas de esa segunda economía constituían una clase social propia formada por pequeños y medianos empresarios, una incipiente burguesía que, como resultado de su realidad económica y social, mantenía sus propios valores e ideas individualistas y anticomunistas: la codicia y el enriquecimiento propio, la libertad económica para operar en el mercado o para explotar a los trabajadores, la desconfianza hacia la economía planificada y el Estado en general... Eran ideas opuestas a los valores socialistas, y la mera existencia de esa pequeña burguesía era la prueba de que la lucha de clases no había terminado aún en la Unión Soviética.
Durante los planes quinquenales del estalinismo, la segunda economía se mantuvo bajo mínimos, pero resurgió con fuerza durante el gobierno de Krushov, quien sucedió a Stalin tras su muerte. Las ideas de Krushov se situaban dentro de la línea más socialdemócrata del partido comunista, la misma que Bujarin había defendido con anterioridad y que era favorable a reducir el papel del Estado en la economía y a introducir en ella mecanismos de mercado. Krushov no sólo inició una igualación de salarios que dañó la productividad (luego revertida por Brezhnev), también descentralizó gran parte de la economía, cerró las estaciones de tractores estatales que alimentaban de tecnología a las granjas, imitó los métodos agrarios estadounidenses y promovió la carrera del consumo con Estados Unidos. La segunda economía se hizo fuerte al calor de las reformas económicas de Krushov, hasta el punto de que en la década de 1960 ya ocupaba aproximadamente el 30% de la actividad económica.
Pero la segunda economía no creció sólo económicamente, también lo hizo políticamente. Además de debilitar la planificación económica, Krushov también debilitó el aparato político soviético. Minimizó tanto la lucha de clases dentro de la URSS como la importancia de la batalla ideológica. Afirmando que en la URSS existía un gobierno "de todo el pueblo", dividió al partido comunista en dos secciones (la agraria y la industrial) y reclutó masivamente para el partido a todo tipo de militantes, sin importar su condición social. El resultado fue que el número de trabajadores en el partido disminuyó drásticamente, y en 1980 los intelectuales, profesionales liberales y administradores representaban aproximadamente la mitad de los miembros del partido y una proporción aún mayor de los cuadros dirigentes del mismo. Como es obvio, el declive de la clase trabajadora dentro del partido arrastró también a las ideas más favorables a la misma, esto es, las ideas comunistas. Fue el caldo de cultivo necesario para que la mentalidad y las ideas pequeñoburguesas florecieran no sólo en la sociedad soviética sino incluso en el seno mismo del partido comunista.
Aunque posteriormente Andropov trataría de aligerar el peso de la burocracia y de revitalizar la economía y la administración del país, sus problemas de salud y su fallecimiento tan sólo quince meses después de alcanzar la dirección de la URSS en 1982 malograron la oportunidad de acometer la reforma que el sistema necesitaba. La fuerza económica y política de la burguesía soviética, por tanto, no paró de aumentar con el paso del tiempo. Por si fuera poco, en la década de 1980 la corrupción vinculada a la segunda economía afectaba a amplios sectores del partido y del Estado, debilitando aún más al socialismo tanto económica como políticamente. Es en estas circunstancias cuando Gorbachov, representante del sector más socialdemócrata del partido, alcanza el poder e impulsa su famosa perestroika: liberalizó la economía, privatizó las propiedades estatales y, en suma, convirtió un Estado socialista basado en una economía planificada en un Estado capitalista liberal de tipo occidental. En diciembre de 1991 se disolvió oficialmente la URSS.
El análisis liberal del fin de la Unión Soviética suele achacarlo a varias causas, todas ellas demostradamente falsas. La caída de la URSS no se debió a un colapso económico porque no hubo crisis económica alguna en vísperas de la perestroika (aunque sí la hubo después, y bastante importante, al liberalizar la economía); no se debió a un colapso de tipo político puesto que las instituciones del Estado siguieron siempre funcionando con la normalidad acostumbrada; tampoco se debió a la presión nacionalista de las repúblicas que la formaban ni a un descontento popular por la falta de libertad o de bienes de consumo, puesto que no se dio ninguna manifestación nacionalista o popular que pudiera justificar la perestroika. Tampoco puede decirse que Gorbachov hiciera lo que el pueblo deseaba pero no manifestaba abiertamente, más bien al contrario: en marzo de 1991, sólo nueve meses antes de la disolución de la URSS, se celebró un referéndum en todas las repúblicas soviéticas para que sus ciudadanos decidiesen si se debía o no mantener la Unión Soviética, y se aprobó mantenerla con un 77,8% de los votos.
Lo que realmente sucedió es que los propios dirigentes soviéticos decidieron, por su cuenta y riesgo y apoyados por Occidente, desmantelar el sistema político y socioeconómico que dirigían, una aparente paradoja que únicamente puede explicarse mediante el crecimiento y hegemonía de una segunda economía privada representada por una clase burguesa que terminó por dominar el país, primero a la sombra del socialismo, y luego ya de forma abierta una vez que se reinstauró la economía de mercado.
Karl Marx inició el primer capítulo del Manifiesto del partido comunista afirmando que "toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de la lucha de clases". Y la historia de la URSS no fue una excepción.
Hoy día importa más el quién que el qué, lo que se dice que lo que se hace, y quién lo dice que lo que se dice.