¿ES ESPAÑA, VERDADERAMENTE, DIFERENTE?
Publicado: 23 Jun 2026 16:41
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¿ES ESPAÑA, VERDADERAMENTE, DIFERENTE?
Lo de “España es diferente” creo que es frase acuñada por el ministro franquista Fraga Iribarne, y en realidad no le faltaba razón. Sí, España es diferente. Seguramente será debido a su situación geográfica, ya que en realidad ¿qué es España por naturaleza, la cola de Europa o la cabeza de África?…
El francés que bautizó que África comenzaba en los Pirineos casi con toda certeza erraba, pero tampoco estaría muy acertado el que dijera que la Europa de lo francés, lo alemán, lo flamenco, lo escandinavo se inicia realmente en el estrecho de Gibraltar. España ha oscilado siempre en su historia entre la llamada de arriba y la de abajo, entre el norte “fascinante” y el sur “mágico”. Esta perplejidad, que a veces se cifra entre lo que el país siente y lo que le conviene, ha dado, por un lado, su continuo desequilibrio político. Por el otro su tremendo interés humano.
En cierto modo, la vacilación española es muy parecida a la sentida por la nación situada al otro lado del continente, Rusia, pues como España está colocada entre dos mundos que tiran de ella en direcciones contrarias. La opuesta a la europea es allí, naturalmente, la asiática. Los rusos, que en tantas cosas se asemejan a España: naturaleza hostil, grandes cambios meteorológicos, sentido de la música, hospitalidad, patriotismo exacerbado, violencia en las revoluciones, misticismo…, miran históricamente a Europa con tanta admiración como miedo a perder su personalidad si la influencia europea es excesiva.
Hay un episodio muy significativo. En el siglo XIX se extiende por todo el continente el nuevo invento del ferrocarril. Los escritores, los políticos, los industriales, ensalzan el nuevo sistema de transporte como el lazo de unión que los europeos necesitaban para conocerse y comprenderse mejor. Todas las naciones firman tratados que permiten a los raíles el paso de las fronteras. Todas las naciones… menos Rusia y España, que, sin ponerse de acuerdo, ven en la mano que se les tiende tanto la posibilidad de mayor comercio como de una invasión, quizás porque ambas la habían sufrido del mismo organizador de Europa, Napoleón.
Tras muchas dudas aceptaron colaborar en el sistema ferroviario, pero su recelo fue grande y se manifestará en las dimensiones de la vía, más ancha en Rusia y España que en el resto de Europa. La idea parece ser la misma en ambos casos. Unámonos… pero con cierta precaución. Y me parece que seguimos pensando así hoy, cuando oficialmente ya somos parte auténtica de un continente unido.
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¿ES ESPAÑA, VERDADERAMENTE, DIFERENTE?
Lo de “España es diferente” creo que es frase acuñada por el ministro franquista Fraga Iribarne, y en realidad no le faltaba razón. Sí, España es diferente. Seguramente será debido a su situación geográfica, ya que en realidad ¿qué es España por naturaleza, la cola de Europa o la cabeza de África?…
El francés que bautizó que África comenzaba en los Pirineos casi con toda certeza erraba, pero tampoco estaría muy acertado el que dijera que la Europa de lo francés, lo alemán, lo flamenco, lo escandinavo se inicia realmente en el estrecho de Gibraltar. España ha oscilado siempre en su historia entre la llamada de arriba y la de abajo, entre el norte “fascinante” y el sur “mágico”. Esta perplejidad, que a veces se cifra entre lo que el país siente y lo que le conviene, ha dado, por un lado, su continuo desequilibrio político. Por el otro su tremendo interés humano.
En cierto modo, la vacilación española es muy parecida a la sentida por la nación situada al otro lado del continente, Rusia, pues como España está colocada entre dos mundos que tiran de ella en direcciones contrarias. La opuesta a la europea es allí, naturalmente, la asiática. Los rusos, que en tantas cosas se asemejan a España: naturaleza hostil, grandes cambios meteorológicos, sentido de la música, hospitalidad, patriotismo exacerbado, violencia en las revoluciones, misticismo…, miran históricamente a Europa con tanta admiración como miedo a perder su personalidad si la influencia europea es excesiva.
Hay un episodio muy significativo. En el siglo XIX se extiende por todo el continente el nuevo invento del ferrocarril. Los escritores, los políticos, los industriales, ensalzan el nuevo sistema de transporte como el lazo de unión que los europeos necesitaban para conocerse y comprenderse mejor. Todas las naciones firman tratados que permiten a los raíles el paso de las fronteras. Todas las naciones… menos Rusia y España, que, sin ponerse de acuerdo, ven en la mano que se les tiende tanto la posibilidad de mayor comercio como de una invasión, quizás porque ambas la habían sufrido del mismo organizador de Europa, Napoleón.
Tras muchas dudas aceptaron colaborar en el sistema ferroviario, pero su recelo fue grande y se manifestará en las dimensiones de la vía, más ancha en Rusia y España que en el resto de Europa. La idea parece ser la misma en ambos casos. Unámonos… pero con cierta precaución. Y me parece que seguimos pensando así hoy, cuando oficialmente ya somos parte auténtica de un continente unido.
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