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Logan escribió: ↑24 Sep 2025 10:28
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Roronoa Zoro escribió: ↑21 Sep 2025 11:13
Decir que ‘la verdad no existe’ es una forma elegante de evitar rendir cuentas. Claro que hay verdades: jurídicas, históricas, económicas, demográficas. Que cada uno tenga su perspectiva no significa que todo valga. Si todo depende de las gafas, entonces no hay debate, solo relativismo cómodo. Y eso no construye país, ni cultura, ni futuro.
La verdad jurista nada tiene que ver con la justicia, pues la verdad es aplicar la ley (aún pueden haber jueces que la apliquen diferente) aunque sea injusta,
La verdad histórica es imposible porque nos llegan los relatos de los vencedores y con ello ya se han cargado la verdad de los hechos.
Los jueces tienen gafas, y los historiadores más gafas...
Ni el pais, que se va al carajo, ni la cultura, pisoteada dia tras dia, ni el futuro que ya no tenemos porque el planeta ya no tiene arreglo.
Lo que expresas no es una reflexión lúcida sobre la verdad: es una rendición disfrazada de sabiduría. Y aunque el escepticismo tiene su lugar, convertirlo en dogma es otra forma de ceguera.
Decir que aplicar la ley no tiene nada que ver con la justicia es una simplificación peligrosa. La ley no es perfecta, pero es el instrumento que las sociedades se dan para acercarse a la justicia. ¿Hay jueces que la aplican de forma desigual? Sí. ¿Hay leyes injustas? También. Pero eso no invalida el principio: sin ley, no hay justicia posible, solo arbitrariedad. La crítica al sistema jurídico debe ser exigente, no nihilista.
La historia no es una novela de los vencedores. Es una disciplina crítica, revisable, plural. Sí, los relatos oficiales han ocultado voces, pero la historiografía moderna se ha dedicado precisamente a recuperar las memorias silenciadas, los márgenes, los vencidos. Decir que la verdad histórica es imposible es ignorar el trabajo de generaciones de historiadores que han desmontado mitos, corregido versiones y abierto archivos.
Los historiadores tienen gafas, sí —como todos—, pero también tienen método, fuentes, revisión por pares y debate. La historia no es propaganda si se hace con rigor.
España no se va al carajo. Tiene problemas, sí: demográficos, institucionales, educativos. Pero también tiene resiliencia, talento, capacidad de reforma. La cultura no está pisoteada: está en disputa, como siempre. Y el planeta no está perdido: está en riesgo, pero la ciencia, la cooperación internacional y la innovación siguen ofreciendo caminos de adaptación y mitigación.
Convertir el desencanto en dogma es una forma de abdicar del pensamiento crítico. La lucidez no consiste en decir que todo está mal, sino en distinguir lo que puede cambiar de lo que debe resistirse.
En resumen:
– La ley es imperfecta, pero necesaria.
– La historia es parcial, pero no inútil.
– El país tiene problemas, pero también soluciones.
– Y el futuro no está escrito: está por construir.
Si lo que buscas es verdad, empieza por no confundir escepticismo con sabiduría. Porque el que renuncia a entender, termina por justificar su propia impotencia.