
CARTA ABIERTA AL SEÑOR VITORNACOVILHA
Sr. Vitornacovilha me permito dirigirle esta carta abierta al considerar ser la mejor manera para responderle, mediante ella, a la pregunta que me hizo usted y me la recuerda ahora por medio del hilo “Europa infectada”. Me dijo usted así:
¿Cómo decimos que asesinar está mal si prescindimos de Dios? Esa es la pregunta que le hice al Postiguet. No me ha contestado al punto.
Para poder responderle creo necesitar mucho espacio, por lo tanto si está dispuesto a leerme, adelante.
Como usted sabe, pues ya lo he dicho varias veces, soy ateo, esto es, que no creo en la existencia de un dios, creador del Universo, y es que además, se me plantearía un grave problema, si en el mundo hay miles de dioses ¿a cuál creer? Como inventos humanos todos ellos, según mi creencia, unos podrían convencerme por unas cosas, otros por otras, pero en definitiva no hay uno solo que me seduzca… No tengo fe en ellos, y como usted sabrá la fe, es la creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior (un dios o varios dioses) que generalmente implica el seguimiento de un conjunto de principios religiosos, de normas de comportamiento social e individual y una determinada actitud vital, puesto que la persona considera esa creencia como un aspecto importante o esencial de la vida. No tengo fe, y no sé dónde puede adquirirse si la hay en venta o no.
Tampoco soy supersticioso. No me da grima pasar por debajo de una escalera o cruzarme con un gato negro. Ni creo en el Tarot, ni me asusta el número 13… Soy así de simple ¡qué le vamos a hacer! Y para darle más información, le diré que no soy erudito en nada, salvo en mi oficio de las Artes Gráficas que lo he practicado con mucho amor.
Soy muy respetuoso y respeto a los creyentes. Le pongo un ejemplo ¿quién soy yo, para intentar hacer ver a la señora María, con su esposo e hijos muertos, que creyente espera un día, cuando muera, reunirse con ellos en el llamado cielo? Sería muy cruel por mi parte; pero tampoco consiento que por mi escasez de fe se me diga que seré condenado a la hoguera eterna y el crujir de mis dientes. A quien eso me dice, me río de sus palabras y le haré ver de su paparruchada de creer en lo que yo considero invenciones humanas.
Lo curioso de ese dios, que supongo usted se referirá al dios de Israel, y del que nace el cristianismo, y que él llama su pueblo elegido y amado, como si al ser el creador de toda la humanidad los otros pueblos les importasen un pimiento, es un dios vengativo, o, al menos, pide venganza al enviarlo a luchar contra otros pueblos vecinos. La palabra venganza la encontramos en la Biblia, y ordenada por dios, muchas veces. Toda venganza bélica supone la matanza del enemigo, o sea, que no solo la muerte violenta de un hombre por otro está permitida por ese dios, dios de los ejércitos y de la venganza, sino que es él quien la ordena y la exhorta.
Igual prescindiendo de dios, el asesinato no sería tan inmenso y general. Yo no tengo dios, y le aseguro que no sólo estoy en contra de sesgar la vida de un ser humano, sino que nunca la he practicado, y es más, soy totalmente contrario de la pena de muerte capital por parte de la justicia humana, y eso que no soy creyente, se lo aseguro…
Creo que precisamente al creer en dios, sirve en ocaciones de justificación (y excusa) para matar un ser humano a otro, y la Historia nos dice que las religiones, en algún tiempo la cristiana también sin duda, ha tenido la muerte, por ahorcamiento, por arder en la hoguera, como un gesto de justicia humana y divina como representantes los gerifaltes eclesiásticos representantes de dios en la Tierra. Y ya no le digo de las llamadas Guerras Santas...
Pero ¿por qué no tengo fe?... Mire, a eso no puedo responderle, no lo sé, lo ignoro, sólo sé que no creo en lo que me parece incomprensible para mí, y de dios como le he manifestado, o de las religiones que emanan de su creencia, hay mucho que no llego a entender, pero que si usted lo sabe y está convencido de conocer la verdad, le rogaría me lo explicase, ya que no me crea tan torpe como para no poder convencerme con buenas razones.
Hay algo en la iglesia cristiana, aunque habiendo tantas no sé si en todas, pero sí en la católica, que me resulta muy difícil de comprender. Y es lo que llaman arrepentimiento.
Arrepentimiento: Sentimiento de la persona que se arrepiente de haber hecho o dejado de hacer alguna cosa; actitud que puede ser honrosa, pero, para la iglesia católica arrepentirse el pecador de los pecados cometidos le hace no culpable. El arrepentimiento implica el reconocimiento, la confesión y la renuncia de pecado para aceptar la transformación y redención de dios. En el cristianismo el perdón se da como un regalo de Dios a los pecadores que salva.
Le pongo un ejemplo, yo no puedo arrepentirme de mi no creencia, no encuentro motivo y no creo faltar en nada, y tampoco (se lo aseguro) he robado nunca, ni he violado, y no he matado a nadie..., sin embargo al no arrepentirme no tendré el regalo de ver la puerta del cielo abierta por parte de san Pedro, y seguramente mi destino sea la hoguera expiatoria de por vida y el crujir de mis dientes, pero, un tal Francisco Franco, antes de su muerte y en confesión, se arrepintió de todos sus pecados (eso se dijo y me lo creo siendo tan católico como era el buen asesino) culpable de miles de sentencias de muerte firmadas por él por ser las víctimas rojos, o el permitir cruelmente que un gran poeta español, Miguel Hernández, hombre sin delito de sangre, por ser comunista dejarlo morir encarcelado, enfermo terminal, lejos de su esposa e hijo. ¡Qué crueldad, … dios suyo! Para eso, para que el pecador quedase limpio, como se limpió la dictadura con la Transición, dicen, murió un tal Jesús en la cruz… ¿Tiene usted alguna respuesta para esto?
Podría continuar, hay muchas más cosas que me hacen no creer en esas invenciones humanas, las considero muy interesadas, y no caeré nunca en su celada.
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