MIRANDO HACIA ATRÁS SIN IRA

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EL POSTIGUET
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Re: MIRANDO HACIA ATRÁS SIN IRA

Mensaje por EL POSTIGUET »

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O sea, que usted, cuando no tiene nada que decir, o tiene algo que cambiar y rectificar, en vez de hacerlo se escabulle. Si no tiene tiempo para un debate, como el que le ofrecí, (porque usted lo inició) amplio, sereno, respetuoso... no lo inicie. Creo que es la manera más sensata, ya que cuando se inicia algo, lo mejor acabarlo.

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Roronoa Zoro
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Re: MIRANDO HACIA ATRÁS SIN IRA

Mensaje por Roronoa Zoro »

Yo no tengo que rectificar nada. Seria amplificar y extender lo que dije. No tengo que modificar palabra alguna de lo que dije. Yo inicie unas preguntas y usted lo lleva postponiendo una y otra vez. Igual es que no tiene la respuesta o no le gusta la respuesta que daría a dichas preguntas.
EL POSTIGUET
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Re: MIRANDO HACIA ATRÁS SIN IRA

Mensaje por EL POSTIGUET »

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Y dale otra vez a la zambomba. Le dije, y me comprometí con mi palabra, que respondería sus cinco preguntas, una por una, pero puse una condición, que creo era normal, que no era otra que terminar el debate. Un debate no consiste en responder con preguntas a la pregunta pertinente; eso, tan característico de los gallegos (según dicen tiene fama; yo lo ignoro) no va conmigo. Por lo tanto es usted quien no ha cumplido; cumpla, termine, y yo le responderé.

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EL POSTIGUET
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LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Mensaje por EL POSTIGUET »

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Escrito el domingo 3 de septiembre de 2023

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

Benito Pérez Galdós, en su historia novelada con el título “Episodios Nacionales”, en lo referente a un 2 de mayo en la ciudad de Madrid, nos relata lo siguiente en palabras de D. Celestino, un sacerdote de una pequeña parroquia, dirigiéndose a sus sobrinos Gabriel e Inés mientras desde la ventana de su piso ven cómo atacan los franceses al pueblo de Madrid.

“Si yo tuviera quince años, Gabriel, si yo tuviera tu edad… Francamente, hijos míos, yo tengo muchísimo miedo. En mi vida había visto una guerra, ni oído jamás el estruendo de los mortíferos cañones; pero lo que es ahora cogería un fusil, sí señores, lo cogería… ¿No veis que va escaseando la gente? ¿No veis cómo los barre la metralla? Mirad aquellas mujeres que con sus brazos despedazados empujan uno de nuestros cañones hasta embocarles en esta calle. Mirad aquel montón de cadáveres del cual sale una mano increpando con terrible gesto a los enemigos. Parece que hasta los muertos hablan, lanzando de sus bocas exclamaciones furiosas. ¡Oh! Yo tiemblo, sostenedme; no, dejadme tomar un fusil, lo tomaré yo, Gabriel y tú también Inés. Vamos todos a la calle ¿Queréis a España, queréis este suelo? ¿Queréis nuestras casas, nuestras iglesias, nuestros reyes, nuestros santos? Pues ahí está, ahí está dentro de esos cañones lo que queréis…”

Verdaderamente es estremecedor el diálogo que sigue del bueno de D. Celestino a sus sobrinos (os aconsejo lo leáis) los cuales tres acaban bajando a la calle y defendiendo lo que para ellos significa la esencia de su ser. No importa que el invasor Napoleón y sus tropas les trajesen unas libertades que sus reyes, por déspotas y tiranos les negaban, pero era su tierra, sus casas, sus familiares, sus amigos..., su todo lo que estaba en peligro, y su defensa es loable, y digna de admiración.

Pero yo no soy hipócrita, y lo que quiero para mí lo quiero para mi vecino, y la leyenda de este episodio de la invasión de los franceses napoleónicos, me viene a la memoria otra invasión algo más antigua, y es la del Borbón (también francés, qué casualidad) esta vez con las tropas castellanas enviadas a someter a Catalunya a sus leyes, implantarlas junto a la lengua de Castilla, y eliminar todo aquello que representara para los catalanes su esencia: sus fueros, sus leyes, su parlamento… 

España luce con “honor” lo que se hizo frente al poderoso ejército de Napoleón, cosa que por mi parte celebro pues estoy en contra de toda invasión, y aún, con el tiempo pasado, se enseña a los escolares esta noble actuación desde su más tierna infancia. Pero no se dice de la también valentía de los catalanes frente a la invasión castellana, aunque en esta ocasión, el pueblo catalán, pese a su valentía, coraje, decisión, perdiera la guerra al ser menor su poder armamentístico, y fuese sometido a leyes que les eran ajenas, y que en vez de otorgarles más libertad como pretendía Napoleón a los españoles, les supuso un duro sometimiento al invasor borbónico-castellano. Los catalanes también defendieron su tierra, sus casas, sus familiares, sus amigos, sus fueros, sus leyes, su idiosincrasia pisoteada... Yo creo que el intento de recuperarlo todo, es tan noble como la actuación del pueblo madrileño aquel fatídico mes de mayo.

Otra cosa es que el “invasor” quiera ceder, pero cuando media el tema del poder y el dinero, la cosa cambia, lo blanco en el otro se ve negro…

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