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Fecha actual 26 Jul 2017 10:37



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 Asunto: La censura a los bufones
Nota Publicado: 12 May 2017 22:35 
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Registrado: 03 Nov 2013 01:49
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Ubicación: Ciudad Juárez
La censura a los bufones
Publicado por Martín Sacristán


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Titta Ruffo como Rigoletto, ca. 1912. Fotografía: Library of Congress (DP).


El buf√≥n Triboulet trabaj√≥ para el rey Francisco I de Francia, quien¬†le hizo rozar la muerte muchas veces. Y es que la costumbre de este monarca renacentista consist√≠a en castigarle con la pena m√°xima cuando sus bromas, o chistes, hab√≠an ido demasiado lejos. As√≠ ocurri√≥ el d√≠a en que se atrevi√≥ a dar un fuerte cachete en las nalgas de su majestad. Una vez repuesto de su monumental cabreo, el rey ofreci√≥ a su buf√≥n perdonarle la vida, a condici√≥n de que fuera capaz de causarle una ofensa mayor con su petici√≥n de disculpas. Hombre de agudo ingenio y extraordinaria rapidez mental, Triboulet no tard√≥ en contestar: ¬ęPerdonadme, mi se√Īor, es que confund√≠ vuestro culo con el de la reina¬Ľ.

Aunque se fecha en torno a 1525, la an√©cdota es ap√≥crifa, y posiblemente falsa. Pero refleja a la perfecci√≥n tanto la imagen que ha llegado hasta nosotros de los bufones como la incertidumbre en que se encuentra el humor cuando no tiene leyes a que atenerse. O cuando est√°n redactadas de tal forma que permiten emitir sentencias contradictorias para casos muy similares. Esto es lo que acabamos de ver en nuestro pa√≠s, a trav√©s de una Audiencia Nacional que ha exonerado a C√©sar Strawberry ‚ÄĒaunque despu√©s el Tribunal Supremo anul√≥ la absoluci√≥n‚ÄĒ¬†pero condenado a Cassandra Vera. En ambos casos se les juzgaba por enaltecimiento del terrorismo y vejaci√≥n de sus v√≠ctimas, a partir de¬†sus tuits. De Strawberry se admite el tono ir√≥nico, que adem√°s ha plasmado en las letras de sus canciones desde sus inicios. No as√≠ de Cassandra, porque evaluando tanto sus tuits sobre Carrero Blanco como otras manifestaciones hechas antes de ser mayor de edad, la conclusi√≥n del tribunal es que sus chistes no fueron hechos con √°nimo de broma, sino de ofensa. En ninguna de las dos sentencias hay prevaricaci√≥n, abuso de poder o exceso en los jueces, que aplicando las competencias que les otorga la Ley de Seguridad Ciudadana han dado a los acusados todas las garant√≠as legales garantizadas por la Constituci√≥n. Pero lo cierto es que nuestros bufones del siglo XXI han vuelto a ser Triboulets expuestos al castigo por parte de dos de los poderes de nuestro Estado, el legislativo y el judicial. Heredan una larga tradici√≥n, propia de las √©pocas de cambio, que ya padecieron el escritor V√≠ctor Hugo y el compositor Giuseppe Verdi.

El autor franc√©s estren√≥ en 1832 una obra llamada El rey se divierte, protagonizada por el rey Francisco I y su buf√≥n Triboulet, a los que alud√≠amos al principio. El monarca sale¬†retratado por V√≠ctor Hugo como un lujurioso libertino, que aprovecha su condici√≥n para acostarse con cuanta mujer se le encapricha. Nada le para, ni siquiera que sean esposas o hijas de sus nobles. Tampoco le preocupa descubrir que su buf√≥n tiene una hija que ha criado secretamente en una casa alejada de la corrupci√≥n de la corte. Vali√©ndose de una celestina la conquista, e incluso la enamora. Triboulet, al enterarse, prepara su venganza planeando el asesinato del rey. Pero su hija se interpondr√°, dej√°ndose matar con tal de salvar a su amado. El buf√≥n acabar√° lament√°ndose con desesperaci√≥n al encontrarla moribunda, mientras Francisco I se aleja, cantando ¬ęLa mujer es mudable / cual pluma al viento / ¬°ay del que en ella / fija su pensamiento!¬Ľ.

Al día siguiente de su estreno, una orden ministerial dirigida al teatro prohibió que siguiera representándose por considerarla inmoral. Y para dar más fuerza a la prohibición, el propio consejo de ministros ratificó la orden, pidiendo además que se destruyeran los carteles que la anunciaban, borrando así todo vestigio de su título. Víctor Hugo ardía de indignación y así lo manifiesta en el prólogo de El rey se divierte, que publica impreso ante la imposibilidad de representarlo. La Francia de su tiempo tenía una constitución que garantizaba la libertad de prensa, y prohibía expresamente la censura previa. Pero el Gobierno había empleado un subterfugio aduciendo que el argumento era inmoral, razón suficiente para impedir que se representara.

Como suele ocurrir en los casos de censura, el efecto fue el contrario al perseguido. El texto fue le√≠do y buscado debido a su prohibici√≥n, tanto entre los intelectuales y escritores franceses como entre los americanos. La figura del buf√≥n vengativo inspir√≥ incluso a Allan Poe uno de sus relatos de terror, Hop-Frog. Pero aunque todos manifestaron su apoyo a V√≠ctor Hugo, los responsables de la representaci√≥n teatral en Francia no alzaron la voz. El escritor lo denuncia en su pr√≥logo, explicando que est√°n demasiado condicionados por las subvenciones p√ļblicas como para protestar contra el mismo poder que se las concede. Tal vez por ello la obra continu√≥¬†prohibida durante cincuenta a√Īos, aunque su edici√≥n impresa siguiera circulando y ejerciendo influencia.

Tal influencia alcanz√≥ veinte a√Īos despu√©s a Giuseppe Verdi, quien se sinti√≥ subyugado por la fuerza dram√°tica del personaje del Triboulet de Hugo, y por el argumento que desarrollaba su obra. Tomando El rey se divierte como base para uno de sus libretos compuso Rigoletto, una de cuyas arias reproduce, casi literalmente, las palabras del novelista franc√©s. ¬ęLa donna √® mobile / qual piuma al vento / muta d‚Äôaccento / e di pensamiento¬Ľ. La mujer es voluble, como la pluma en el viento, cambia sus promesas, y su pensamiento. Pero en realidad el Rigoletto original no ten√≠a tal t√≠tulo, y sus personajes tampoco eran los que hoy conocemos. La ciudad en que fue estrenada, Venecia, estaba bajo el poder del Imperio austroh√ļngaro, donde las obras intelectuales s√≠ deb√≠an someterse previamente a los censores. Estos pidieron que el rey Francisco I no fuera representado como un libertino, y que Triboulet no fuera feo, ni deforme. Verdi se neg√≥, por cuanto esos cambios supon√≠an destrozar el dramatismo del argumento. A cambio hizo que la historia se desarrollara entre el duque de Mantua y un buf√≥n llamado Rigoletto. Ello da idea de la fuerza que hab√≠an adquirido los personajes de V√≠ctor Hugo como representantes de los males que tra√≠a la monarqu√≠a, y que se manten√≠a a√ļn, dos d√©cadas despu√©s de estrenado El rey se divierte.

Aunque hoy la obra no pase de ser un dram√≥n, cuando fue escrita dos monarqu√≠as en peligro intentaban, a toda costa, evitar las cr√≠ticas a la figura del rey y a su papel como poder superior en el Estado. La Francia de V√≠ctor Hugo acababa de elevar al trono a Luis Felipe de Orleans, despu√©s de expulsar al rey Carlos X, por su intento de prohibir la libertad de prensa y cerrar el parlamento. Como podemos comprobar por la censura al escritor, el nuevo monarca solo aparent√≥ garantizar esas libertades. En el fondo defend√≠a lo mismo que el emperador Francisco Jos√© I de Austria, responsable √ļltimo de la censura de Rigoletto: el origen divino de su derecho a gobernar. Y prescindiendo, en lo posible, de constituciones, parlamentos, y libertades. La Revoluci√≥n francesa hab√≠a demostrado que se pod√≠a deponer a los reyes, incluso ejecutarlos, y la Restauraci√≥n luchaba a toda costa contra esa idea. ¬†

Tal vez la intenci√≥n de V√≠ctor Hugo fuera m√°s literaria que pol√≠tica, pero al rescatar a Triboulet de la historia le dot√≥ de su papel de s√≠mbolo. El t√©rmino no fue en origen un nombre propio, sino el sin√≥nimo de la palabra buf√≥n, ligada a los significados de ¬ęmolesto¬Ľ, ¬ęcargante¬Ľ e ¬ęinsufrible¬Ľ. El primero que fue llamado as√≠ sirvi√≥ a Renato I de N√°poles hacia 1450, y padec√≠a microcefalia. Ten√≠a, por tanto, un cr√°neo desproporcionadamente peque√Īo, y como consecuencia de esa deformidad la medicina de su tiempo daba por hecho que estaba loco. No importaba lo blasfemos, irreverentes u ofensivos que fueran sus chistes, o la burla que hiciera del rey, de sus cortesanos, y del poder que estos detentaban. Era un demente, y no pod√≠a juzg√°rsele por ello. La historia demuestra lo contrario, porque sus largos a√Īos al servicio del monarca, la medalla conmemorativa que este orden√≥ realizar en su honor, los pagos en los libros de cuentas reales, y las obras teatrales que escribi√≥, revelan a una persona en plenitud de sus capacidades. Pero vivi√≥ al final de la Edad Media, en una sociedad que consideraba al loco capaz de decir verdades, divertir con ellas y no tener ninguna responsabilidad penal al hacerlo.

Los siguientes dos Triboulet, que sirvieron sucesivamente a los reyes franceses Luis XII y Francisco I, ya no tuvieron tanta suerte. No se les consideraba ya locos, sino humoristas, susceptibles por tanto de ser castigados. Las an√©cdotas recogidas sobre el Triboulet que sirvi√≥ a Francisco I lo reflejan bien, aunque tambi√©n ponen en¬†relieve la fama de d√©spota engre√≠do con que el monarca ha pasado a la historia. Nada evidencia ese car√°cter mejor que su derrota en la batalla de Pav√≠a de 1525. Frente a infanter√≠a de los Tercios espa√Īoles y lansquenetes alemanes, se empe√Ī√≥, en contra del criterio de sus asesores militares, en decidir la lucha mediante la heroica carga de su caballer√≠a pesada. Esto es, √©l mismo y sus nobles cabalgando en formaci√≥n cerrada hacia piqueros y arcabuceros. El resultado fue un desastre, con numerosas muertes entre los que cargaban. El propio Francisco I salv√≥ la vida porque un soldado espa√Īol de los Tercios decidi√≥ hacerle prisionero,¬†confiando en una buena recompensa por haber atrapado a quien parec√≠a un caballero principal. Obviamente, un rey que no se dejaba aconsejar, exponiendo su vida y su reino, menos a√ļn iba a ser magn√°nimo con su buf√≥n. Despu√©s de haber jugado con √©l a condenarlo a muerte muchas veces, permiti√©ndole salidas ingeniosas, lleg√≥ el d√≠a en que harto dict√≥ la pena definitiva. Para concederle una √ļltima gracia, le pregunt√≥ por qu√© medio deseaba ser ejecutado. La respuesta habitual hubiera sido decapitado por hacha, suerte reservada a los nobles, en lugar de ahorcado como un hombre com√ļn. Pero Triboulet contest√≥, con mucha sencillez, que eleg√≠a morir de viejo. Y lo consigui√≥, porque una vez m√°s, la √ļltima, hizo gracia a Francisco I. Despu√©s dej√≥ de estar a su servicio.

Puede que para ser buf√≥n haya que armarse con un ingenio como el de Triboulet, sin importar la √©poca en que se viva. A cambio, eso s√≠, hay que correr el riesgo de que sobre uno pese una condena. Porque como nos ense√Ī√≥ V√≠ctor Hugo, el poder tambi√©n se divierte. Y de qu√© absolutista manera.

http://www.jotdown.es/2017/05/la-censura-los-bufones/

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Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt
der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete
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 Asunto: Re: La censura a los bufones
Nota Publicado: 13 May 2017 02:51 
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Registrado: 11 Oct 2011 19:48
Mensajes: 18927
Me encantan las historias de bufones. Esos personajes a veces grotescos e ingeniosos que sobreviv√≠a para divertimentos de d√©spotas absolutos...y que curiosamente en ocasiones ten√≠an gran poder e influencia al ser los √ļnicos con licencia de decirle al rey las "verdades" auqnue fuese en tono de broma.

Contaré algunas de las anécdotas que me parecen mas increibles-

Luis XIV, el rey sol, tuvo varios bufones, y algunas anécdotas son propias del mísmisimo Tribulet...pero la mejor de todas fue con un bufón negro llamado Nabo.
Con semejante nombre la historia estaba predestinada...el tal Nabo era un pigmeo regalado por unos reyezuelos del Africa central al rey sol en una embajada .Al Rey sol no se le ocurri√≥ otra cosa que ponerlo al servicio de su esposa de origen Espa√Īol, Maria Teresa de Austria y Bob√≥n, c√≥mo Buf√≥n.El pigmeo Nabo deber√≠a de ser chiquito pero mat√≥n,aparte de bromista, porque tras el alumbramiento real de su graciosa majestad, result√≥ que la princesa de Francia sali√≥......negra.
Las escusas de la reina de que eso era debido a la excesiva ingesta de aceitunas negras no excesivamente convincentes....el caso es que tanto la aceitunada princesa c√≥mo el saleroso buf√≥n desaparecen de la historia en extra√Īas circunstancias.

El Padre de la reina a la que Nabo `restaba sus servicios de diversión no era otro que su graciosa majestad el rey planeta, Felipe IV. Este tmabién tuvo sus bufones algunos de ellos cachondísimos, pero el personaje grotesco para divertimento del rey que mas trascendencia tuvo en la cultura popular fue un actor de comedias (no fue un bufón en el sentido estricto pues no trabaja en esclusiva para el rey) deforme , jorobado (una especie de pozí) y marcadamente homosexual....su apodo artístico era "EL Rana", y hacía en todas las comedias el papel de afeminado, travestido etc.....
El tio le hac√≠a una gracia tremenda al rey que se desternillaba con el personaje....por lo cual fue el √ļnico homosexual en Espa√Īa que ten√≠a visibilidad en la Espa√Īa dle XVII.
Y era el √ļnico porque la inquisici√≥n no pod√≠a meterle mano, pues le hac√≠a gracia al rey.
Cómo era el unico bujarra oficial (la palabra LGTBI no era de época) reconocido, el término "Salir Rana" quedó cómo frase hecha para definir a alguien que era homosexual.

Peor la mejor historia de bufones y reyes a mi entender la tenía que protagnizar alguien de Lepe....no podía ser de otra manera

Juan de Lepe, pescador de esta localidad ,tipo ingenioso y cachondo acabó ejerciendo de bufón y hombre de confanza del rey Enrique VII de Inglaterra ...el caso es que en una partida de cartas a Enrique VII se le fue la pinza y se jugó el reino de Inglaterra durante un día....y perdió frente a su bufón.
As√≠ que durante un d√≠a Juan d eLepe fue coronado c√≥mo rey de inglaterra y por cierto cobr√≥ las rentas del reino durante ese tiempo. Dios salve al peque√Īo rey Juan

saludos

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