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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 28 Mar 2017 07:20 
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Haga una prueba. Vaya al ba√Īo a por el secador de pelo y ench√ļfelo cerca de donde est√© leyendo este art√≠culo. Ahora intente concentrarse con el ruido de fondo. Aguante, como m√≠nimo, un par de minutos. Si le molesta el estruendo, ap√°guelo, como yo he hecho al empezar a escribir. Pero si no le descentra, si nota que incluso le gusta y le relaja, quiz√° tenga potencial para ingresar en un selecto y creciente grupo: el de los adictos el ruido del secador. No se preocupe, el peluquero franc√©s Alexandre Godefoy, inventor de este aparato en 1890, no se va a enterar de que hoy existen personas en todo el mundo que usan su artilugio para conciliar el sue√Īo, dormir a sus beb√©s o relajarse despu√©s de una dura jornada de trabajo. A falta de un nombre oficial para su afici√≥n, los hemos bautizado como secadictos. Y hay m√°s de los que se piensa aunque, temerosos de que se les tache de raritos, prefieran no dar la cara.El primero con el que hablamos es Alfonso, un cordob√©s que trabaja en una empresa de montaje. ¬ęS√≠, tengo 43 a√Īos y soy adicto al ruido del secador de pelo¬Ľ, confiesa sin rubor. ¬ęLo pongo un rato al llegar a casa por la tarde y muchas noches en las que estoy nervioso al acostarme¬Ľ. Por miedo a quedarse dormido con el aparato puesto e incendiar la casa, Alfonso se descarg√≥ hace tiempo una aplicaci√≥n de m√≥vil llamada White Noise que emite distintos ruidos cotidianos: ¬ęTambi√©n me gustan el de una lluvia intensa, el ventilador o la aspiradora. Pero como el del secador no hay ninguno. Esa frecuencia continua y aguda me encanta¬Ľ. A su mujer, Rebeca, la extra√Īa afici√≥n de Alfonso no le complace tanto. ¬ęLe obligo a ponerse los auriculares cuando se mete en la cama. Y cuando estoy en el ba√Īo sec√°ndome el pelo siempre se acerca a la puerta, cierra los ojos y empieza a sonre√≠r... Es muy raro¬Ľ, bromea ella.A nuestro segundo adicto lo encontramos en un foro de internet. La pregunta que hace al resto de usuarios le delata: ¬ę¬ŅEs normal que me quede dormido con el ruido del secador?¬Ľ. Se llama Robert, es de Alicante, tiene 37 a√Īos y al principio su adicci√≥n era a√ļn m√°s friki: la respiraci√≥n de Darth Vader. ¬ęTen√≠a una grabaci√≥n suya en el m√≥vil que duraba 50 minutos¬Ľ, dice. ¬ęHasta que un d√≠a fui a la peluquer√≠a y mientras esperaba sentado empec√© a quedarme dormido cuando le secaban el pelo a una se√Īora¬Ľ. Robert es hiperactivo y el secador le ayuda a calmarse. En navidades sus hijos le regalaron uno port√°til para llevarlo en la bolsa de aseo a su oficina, donde trabaja de contable. S√≠, cuando est√° agobiado se levanta de su mesa, va al ba√Īo, se sienta en uno de los retretes y lo enciende con el aire caliente enfocado hacia la puerta y el sonido hacia su oreja. ¬ęUna vez fui al m√©dico y se lo cont√©. Me dijo que a eso se le llama ruido blanco, que a√≠sla otros sonidos de ambiente, y que lo usa mucha gente de la misma manera que yo¬Ľ.Robert insiste en que hagamos otra prueba. Que le demos una segunda oportunidad al aparato. Que si lo escuchamos de fondo, al estar tumbados, funciona seguro. Vamos all√°. Acostados en la cama descargamos la aplicaci√≥n White Noise y buscamos el ruido del secador. Cerramos los ojos e intentamos relajarnos. Al cabo de un minuto, el sue√Īo llega por s√≠ solo. La frecuencia que emite el aparato ejerce de barrera de los pensamientos. Es raro, s√≠, pero funciona. Aunque no en todos los casos... Al probarlo con una familia del centro de Madrid no da resultado. Los tres hijos adolescentes dicen que les molesta. A los padres les hace mucha gracia, pero no les gusta el ruido. ¬ęMe parece imposible que alguien pueda dormir con eso puesto. Pero la verdad es que no es la primer vez que lo escucho¬Ľ, comenta Mar√≠a Nieves, la madre. ¬ęTengo dos amigas que usan esas apps de m√≥vil con sus beb√©s. Y aseguran que es impresionante porque a veces es la √ļnica forma de que no lloren¬Ľ.Cierto. Al bucear por la red en busca de informaci√≥n sobre los secadictos, la mayor√≠a de ejemplos que encontramos son de beb√©s. Por ejemplo, Lola Rovati, editora de la web Beb√© y M√°s, escribi√≥ sobre c√≥mo su hija se dorm√≠a con el ruido del secador de pelo. ¬ęDe repente, un buen d√≠a yo sec√°ndome el pelo y ella en su hamaquita, ocurri√≥. El secador a m√°xima potencia y ella cada vez m√°s relajada. Estaba quietecita, la cara sin expresi√≥n, las manos sin tensi√≥n, la mirada tranquila. A los dos o tres minutos, y sin chupete en la boca, los ojitos hicieron clin y se cerraron como por arte de magia¬Ľ, escribe Lola en una de las entradas de su p√°gina. Mar√≠a Luz Garc√≠a, jefa del servicio de Pediatr√≠a del Hospital Universitario Severo Ochoa de Legan√©s, explica que este zumbido tiene un efecto tranquilizador porque es mon√≥tono y no sobresale. ¬ęTe a√≠sla del resto de los ruidos ambientales, no tiene altibajos, por lo que al final resulta relajante y facilita el sue√Īo¬Ľ, explica.As√≠ lo confirm√≥ un estudio de Archives of Disease in Childhood, una revista m√©dica sobre pediatr√≠a editada en Reino Unido, que analiz√≥ c√≥mo los ruidos blancos como el de un secador pueden afectar a los beb√©s. De los dos grupos de 20 beb√©s escogidos, el 80% se durmi√≥ a los cinco minutos de haber empezado a sonar alguno de estos sonidos. Una de las posibles explicaciones la sostiene Bertrand Regader, psic√≥logo educativo y director de la web Psicolog√≠a y Mente: ¬ęMe atrever√≠a a diagnosticar que tiene relaci√≥n a los sonidos que nos acostumbramos a escuchar cuando estamos en el √ļtero. Siempre hay un ruido ambiental bajo, que enmascara a los dem√°s y hace que nuestro cerebro haga que se sienta confortable con ello. Se asemeja bastante al sonido de los l√≠quidos fluyendo dentro del vientre¬Ľ.El propio Bertrand reconoce que √©l usa este tipo de ruidos para relajarse porque sufre de tinnitus, un molesto fen√≥meno auditivo que padecen personas que oyen un pitido constante en los o√≠dos sin que haya una fuente externa que lo emita. ¬ęPara combatirlo uso el ruido blanco. Este espectro de frecuencias sonoras a baja intensidad impide que otros sonidos invadan nuestra percepci√≥n auditiva y favorece la relajaci√≥n y el sue√Īo¬Ľ, afirma.El psic√≥logo tambi√©n es oyente casi a diario del ruido rosa, m√°s fuerte y potente en los extremos inferiores del espectro que el blanco, que es un ritmo constante con varias frecuencias a la misma intensidad (igual que el color blanco es la suma de todos los colores). En esta categor√≠a entran los sonidos de una televisi√≥n sin sintonizar, una aspirador y, claro est√°, el adorado secador. ¬ęSi tienes los t√≠picos vecinos de arriba molestos, o una ventana en casa que da a la calle, el ruido blanco hace de capa y enmascara el ambiente haciendo que el cerebro no tenga ning√ļn tipo de sobresaltos¬Ľ, explica Bertrand. A la misma conclusi√≥n ha llegado Amanda, secad√≥fila desde peque√Īa. Acaba de graduarse en Medicina y est√° preparando el MIR. Muchos d√≠as estudia con un canal de YouTube, Relaxing hair dryer, que incluye v√≠deos del ruido del secador que llegan a durar hasta tres horas. ¬ęRecuerdo cuando era ni√Īa y acompa√Īaba siempre a la peluquer√≠a a mi madre porque me gustaba escucharlo¬Ľ, reconoce Amanda. ¬ęYo tengo migra√Īas y, por muy raro que aparezca, ponerme el v√≠deo del secador me calma el dolor muchas veces, o por lo menos lo disimula, es como si me dieran un masaje en la cabeza¬Ľ.Entre libros, sometido a la misma frecuencia que Amanda, estudia Jorge las oposiciones para Inspector de Hacienda. En pocas semanas se presenta al segundo examen (son cinco pruebas). Y todas las tardes, despu√©s de comer, se sienta en su escritorio con la aplicaci√≥n White Noise encendida. Y no solo con el ruido del secador: tambi√©n le gustan mucho los del lavavajillas, el tren, la lluvia extrema, el aspersor de agua y el aire acondicionado. ¬ęA esas horas estoy m√°s cansado, porque ya llevo mucho tiempo estudiando por la ma√Īana. Esos ruidos me ayudan a concentrarme en la materia sin pensar en otras cosas. Tengo un par de compa√Īeros m√°s en la oposici√≥n que tambi√©n lo hacen¬Ľ, cuenta Antonio. Una de las investigaciones m√°s citadas sobre los beneficios del ruido blanco para conciliar el sue√Īo la realiz√≥ el doctor Clete Kushida, neur√≥logo especializado en el tratamiento del insomnio. ¬ęNo funciona en todas las personas, pero en aquellas a las que les cuesta conciliar el sue√Īo porque hay movimiento a su alrededor, esta herramienta les sirve para disimular esos sonidos molestos¬Ľ, asegur√≥ este profesor en la Universidad de Stanford (Estados Unidos) en la presentaic√≥n de su estudio. ¬ęIncluso si tu pareja o tu compa√Īero de habitaci√≥n roncan, un ruido como el del secador te hace olvidarlo¬Ľ. Antes de terminar estas l√≠neas hay que aclarar que tambi√©n existe otro grupo de secadictos. Son aquellas personas que usan el aire caliente que emite el aparato para curar sus dolores musculares. Liu Zheng, fisioterapeuta y experto en medicina tradicional china, los conoce mejor que nadie. De hecho, acaba de presentar su √ļltimo libro, La Terapia del Secador, dedicado a estas pr√°cticas. ¬ęDentro de la medicina china hay una t√©cnica similar a la acupuntura que se llama moxibusti√≥n, donde se estimula con aire caliente los puntos d√©biles del cuerpo. Y para ello yo uso el secador de pelo¬Ľ, explica Liu, quien lleva 15 a√Īos viviendo en Madrid y tiene una cl√≠nica de acupuntura llamada Medizen. ¬ęEsta t√©cnica activa el fluido sangu√≠neo, relaja los m√ļsculos y ayuda a la recuperaci√≥n de las lesiones. Recomiendo a mis pacientes que lo usen en casa. Por ejemplo, si tienes una contractura en el cuello, coges el secador y apuntas el aire caliente a esa zona. En unos minutos el dolor se calma¬Ľ. Todav√≠a no existe ning√ļn estudio ni estad√≠stica de cu√°ntos secadictos hay en el mundo. Y seguramente nunca la habr√°. Pero all√≠ est√°n: Alfonso, Robert, Bertrand, Amanda y Jorge. Cada uno enganchado por un motivo, ya sea al aparato f√≠sico que invent√≥ Godefoy o a las versiones digitales que proliferan en los m√≥viles.¬ęNo estamos locos¬Ľ, insiste Robert, el ex adicto a Darth Vader hoy convertido en secadicto. ¬ęHay much√≠sima gente a la que el ruido del secador de pelo le engancha. Y una vez que descubren que es una forma c√≥moda y barata de relajarse, ya no se desintoxican de √©l en la vida¬Ľ.


http://www.elmundo.es/papel/todologia/2 ... b45a7.html

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 28 Mar 2017 07:33 
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Registrado: 24 Sep 2011 10:25
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Joder, recuerdo que cuando era un ni;o 'este era mi programa favorito:



Recuerdo tambi'en Mucho tiempo he estado acost√°ndome temprano. A veces apenas hab√≠a apagado la buj√≠a, cerr√°banse mis ojos tan presto, que ni tiempo ten√≠a para decirme: ¬ęYa me duermo¬Ľ . Y media hora despu√©s despert√°bame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sue√Īo; quer√≠a dejar el libro, que se me figuraba tener a√ļn entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sue√Īo no hab√≠a cesado de reflexionar sobre lo reci√©n le√≠do, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parec√≠a que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Francisco I y Carlos V. Esta figuraci√≥n me duraba a√ļn unos segundos despu√©s de haberme despertado: no repugnaba a mi raz√≥n, pero gravitaba como unas escamas sobre mis ojos sin dejarlos darse cuenta de que la vela ya no estaba encendida. Y luego comenzaba a hac√©rseme ininteligible, lo mismo que despu√©s de la metempsicosis pierden su sentido, los pensamientos de una vida anterior; el asunto del libro se desprend√≠a de mi personalidad y yo ya quedaba libre de adaptarme o no a √©l; en seguida recobraba la visi√≥n, todo extra√Īado de encontrar en torno m√≠o una oscuridad suave y descansada para mis ojos, y aun m√°s quiz√° para mi esp√≠ritu, al cual se aparec√≠a esta oscuridad como una cosa sin causa, incomprensible, verdaderamente oscura. Me preguntaba qu√© hora ser√≠a; o√≠a el silbar de los trenes que, m√°s o menos en la lejan√≠a, y se√Īalando las distancias, como el canto de un p√°jaro en el bosque, me describ√≠a la extensi√≥n de los campos desiertos, por donde un viandante marcha de prisa hac√≠a la estaci√≥n cercana; y el caminito que recorre se va a grabar en su , recuerdo por la excitaci√≥n que le dan los lugares nuevos, los actos desusados, la charla reciente, los adioses de la despedida que le acompa√Īan a√ļn en el silencio de la noche, y la dulzura pr√≥xima del retorno. Apoyaba blandamente mis mejillas en las hermosas mejillas de la almohada, tan llenas y tan frescas, que son como las mejillas mismas de nuestra ni√Īez. Encend√≠a una cerilla para mirar el reloj. Pronto ser√≠an las doce. Este es el momento en que el enfermo que tuvo que salir de viaje y acostarse en una fonda desconocida, se despierta, sobrecogido por un dolor, y siente alegr√≠a al ver una rayita de luz por debajo de la puerta. ¬°Qu√© gozo! Es de d√≠a ya. Dentro de un recuerdo del lugar en que me hallaba, sino el de otros sitios en donde yo hab√≠a vivido y en donde podr√≠a estar. descend√≠a hasta m√≠ como un socorro llegado de lo alto para sacarme de la nada, porque yo solo nunca hubiera podido salir; en un segundo pasaba por encima de siglos de civilizaci√≥n, y la imagen borrosamente entrevista de las l√°mparas de petr√≥leo, de las camisas con cuello vuelto, iban recomponiendo lentamente los rasgos peculiares de mi personalidad. Esa inmovilidad de las cosas que nos rodean, acaso es una cualidad que nosotros les imponemos, con nuestra certidumbre de que ellas son esas cosas, y nada m√°s que esas cosas, con la inmovilidad que toma nuestra pensamiento frente a ellas. El caso es que cuando yo me despertaba as√≠, con el esp√≠ritu en conmoci√≥n, para averiguar, sin llegar a lograrlo, en d√≥nde estaba, todo giraba en torno de m√≠, en la oscuridad: las cosas, los pa√≠ses, los a√Īos. Mi cuerpo, demasiado torpe para moverse, intentaba, seg√ļn fuera la forma de su cansancio, determinar la posici√≥n de sus miembros para de ah√≠ inducir la direcci√≥n de la pared y el sitio de cada mueble, para reconstruir y dar nombre a la morada que le abrigaba. Su memoria de los costados, de las rodillas, de los hombros, le ofrec√≠a sucesivamente las im√°genes de las varias alcobas en que durmiera, mientras que, a su alrededor, la paredes, invisibles, cambiando de sitio, seg√ļn la forma de la habitaci√≥n imaginada, giraban en las tinieblas. Y antes de que mi pensamiento, que vacilaba, en el umbral de los tiempos y de las formas, hubiese identificado, enlazado las diversas circunstancias que se le ofrec√≠an, el lugar de que se trataba, el otro, mi cuerpo, se iba acordando para cada sitio de c√≥mo era la cama, de d√≥nde estaban las puertas, d√© ad√≥nde daban las ventanas, de si hab√≠a un pasillo, y, adem√°s, de los pensamientos que al dormirme all√≠ me preocupaban y que al despertarme volv√≠a a encontrar. El lado anquilosado de mi cuerpo, al intentar adivinar su orientaci√≥n, se cre√≠a, por ejemplo, estar echado de cara a la pared, en un gran lecho con dosel, y yo en seguida me dec√≠a: ¬ęVaya, pues, por fin me he dormido, aunque mam√° no vino a decirme adi√≥s¬Ľ, y es que estaba en el campo, en casa de mi abuelo, muerto ya hac√≠a tanto tiempo; y mi cuerpo, aquel lado de mi cuerpo en que me apoyaba, fiel guardi√°n de un pasado que yo nunca debiera olvidar, me recordaba la llama de la lamparilla de cristal de Bohemia, en forma de urna, que pend√≠a del techo por leves cadenillas; la chimenea de m√°rmol de Siena, en la alcoba de casa de mis abuelos, en Combray; en aquellos d√≠as lejanos que yo me figuraba en aquel momento como actuales, pero sin represent√°rmelos con exactitud, y que habr√≠a de ver mucho m√°s claro un instante despu√©s, cuando me despertara, por completo. Luego, renac√≠a el recuerdo de otra postura; la pared hu√≠a hacia otro lado: estaba en el campo, en el cuarto a m√≠ destinado en casa de la se√Īora de Saint-Loup. ¬°Dios m√≠o! Lo menos son las diez. Ya habr√°n acabado de cenar. Debo de haber prolongado m√°s de la cuenta esa siesta que me echo todas las tardes al volver de mi paseo con la se√Īora de Saint-Loup, antes de ponerme de frac para ir a cenar. Porque ya han transcurrido muchos a√Īos desde aquella √©poca de Combray, cuando, en los d√≠as en que m√°s tarde regres√°bamos a casa, la luz que yo ve√≠a en las vidrieras de mi cuarto era el rojizo reflejo crepuscular. Aqu√≠, en Tansonville, en casa de la se√Īora Saint-Loup, hacemos un g√©nero de vida muy distinto y es de muy distinto g√©nero el placer que experimento en no salir m√°s que de noche, en entregarme, a la luz de la luna, al rumbo de esos caminos en donde anta√Īo jugaba, a la luz del sol; y esa habitaci√≥n, donde me he quedado dormido olvidando que ten√≠a que vestirme para la cena, la veo desde lejos, cuando volvemos de paseo, empapada en la luz de la l√°mpara, faro √ļnico de la noche. Estas evocaciones voltarias y confusas nunca duraban m√°s all√° de unos segundos; y a veces no me era posible distinguir por separado las diversas suposiciones que formaban la trama de mi incertidumbre respecto al lugar en que me hallaba, del mismo modo que al ver correr un caballo no podemos aislar las posiciones sucesivas que nos muestra el kinetoscopio. Pero, hoy una y ma√Īana otra, yo iba viendo todas las alcobas que hab√≠a habitado durante mi vida, y acababa por acordarme de todas en las largas so√Īaciones que segu√≠an a mi despertar; cuartos de invierno, cuando nos acostamos en ellos, la cabeza se acurruca en un nido formado por los m√°s dispares objetos: un rinconcito de la almohada, la extremidad de las mantas, la punta de un mant√≥n, el borde de la cama y un n√ļmero de los D√©bats Roses, todo ello junto y apretado en un solo bloque, seg√ļn la t√©cnica de los p√°jaros, a fuerza de apoyarse indefinidamente encima de ello; cuarto de invierno, donde el placer que se disfruta en los d√≠as helados es el de sentirse separado del exterior (como la golondrina de mar que tiene el nido en el fondo de un subterr√°neo, al calor de la tierra); cuartos en los cuales, como est√° encendida toda la noche la lumbre de la chimenea, dormimos envueltos en un gran rop√≥n de aire c√°lido y humoso, herido por el resplandor de los tizones que se reavivan, especie de alcoba impalpable, de c√°lida caverna abierta en el mismo seno de la habitaci√≥n, zona ardiente de m√≥viles contornos t√©rmicos, oreadas por unas bocanadas de aire que nos refrescan la frente y que salen de junto a las ventanas, de los rincones de la habitaci√≥n que est√°n m√°s lejos del fuego y que se enfriaron; cuartos estivales donde nos gusta no separarnos de la noche tibia, donde el rayo de luna, apoy√°ndose en los entreabiertos postigos, lanza hasta el pie de la cama su escala encantada, donde dormimos casi como al aire libre, igual que un abejaruco mecido por la brisa en la punta de una rama; otras veces, la alcoba estilo Luis XVI, tan alegre que ni siquiera la primera noche me sent√≠a desconsolado, con sus columnitas que sosten√≠an levemente el techo y que se apartaban con tanta gracia para se√Īalar y guardar el sitio destinado al lecho; otra vez, aquella alcoba chiquita, tan alta de techo, que se alzaba en forma de pir√°mide ocupando la altura de dos pisos, revestida en parte de caoba y en donde me sent√≠ desde el primer momento moralmente envenenado por el olor nuevo, desconocido para m√≠, moralmente la petiveria, y convencido de la hostilidad de las cortinas moradas y de la insolente indiferencia del reloj de p√©ndulo, que se pasaba las horas chirriando, como si all√≠ no hubiera nadie; cuarto en donde un extra√Īo e implacable espejo, sostenido en cuadradas patas, se atravesaba oblicuamente en uno de los rincones de la habitaci√≥n, abri√©ndose a la fuerza, en la dulce plenitud de mi campo visual acostumbrado, un lugar que no estaba previsto y en donde mi pensamiento sufri√≥ noches muy crueles afan√°ndose durante horas y horas por dislocarse, por estirarse hacia lo alto para poder tomar cabalmente la forma de la habitaci√≥n y llenar hasta arriba su gigantesco embudo, mientras yo estaba echado en mi cama, con los ojos mirando al techo, el o√≠do avizor, las narices secas y el coraz√≥n palpitante; hasta que la costumbre cambi√≥ el color de las cortinas, ense√Ī√≥ al reloj a ser silencioso y al espejo, sesgado y cruel, a ser compasivo; disimul√≥, ya que no llegara a borrarlo por completo, el olor de la petiveria, e introdujo notable disminuci√≥n en la altura aparente del techo. ¬°Costumbre, celestina ma√Īosa, s√≠, pero que trabaja muy despacio y que empieza por dejar padecer a nuestro √°nimo durante semanas entras, en una instalaci√≥n precaria; pero que, con todo y con eso, nos llena de alegr√≠a al verla llegar, porque sin ella, y reducida a sus propias fuerzas, el alma nunca lograr√≠a hacer habitable morada alguna! Verdad que ahora ya estaba bien despierto, que mi cuerpo hab√≠a dado el √ļltimo viraje y el √°ngel bueno de la certidumbre hab√≠a inmovilizado todo lo que me rodeaba; me hab√≠a acostado, arropado en mis mantas, en mi alcoba; hab√≠a puesto, poco m√°s o menos en su sitio, en medio de la oscuridad, mi c√≥moda, mi mesa de escribir, la ventana que da a la calle y las dos puertas. Pero era en vano que yo supiera que no estaba en esa morada en cuya presencia posible hab√≠a yo cre√≠do por lo menos, ya que no se me presentara su imagen distinta, en el primer momento de mi despertar; mi memoria ya hab√≠a recibido el impulso, y, por lo general, ya no intentaba volverme a dormir en seguida; la mayor parte de la noche la pasaba en rememorar nuestra vida de anta√Īo en Combray, en casa de la hermana de mi abuela en Balbec, en Par√≠s, en Donzi√®res, en Venecia, en otras partes m√°s, y en recordar los lugares, las personas que all√≠ conoc√≠, lo que vi de ellas, lo que de ellas me contaron. En Combray, todos los d√≠as, desde que empezaba a caer la tarde y mucho antes de que llegara el momento de meterme en la cama y estarme all√≠ sin dormir, separado de mi madre y de mi abuela, mi alcoba se convert√≠a en el punto c√©ntrico, fija y doloroso de mis preocupaciones. A mi familia se le hab√≠a ocurrido, para distraerme aquellas noches que me ve√≠an con aspecto m√°s trist√≥n, regalarme un linterna m√°gica; y mientras llegaba la hora de cenar, la instal√°bamos en la l√°mpara de mi cuarto; y la linterna, al modo de los primitivos arquitectos y maestros vidrieros de la √©poca g√≥tica, substituida la opacidad de las paredes por irisaciones impalpables, por sobrenaturales apariciones multicolores, donde se dibujaban las leyendas como en un vitral fugaz y tembloroso. Pero con eso mi tristeza se acrec√≠a m√°s a√ļn porque bastaba con el cambio de iluminaci√≥n para destruir la costumbre que yo ya ten√≠a de mi cuarto, y gracias a la cual me era soportable la habitaci√≥n, excepto en el momento de acostarme. A la luz de la linterna no reconoc√≠a mi alcoba, y me sent√≠a desosegado, como en un cuarto de fonda o de ¬ęchalet¬Ľ donde me hubiera alojado por vez primera al bajar del tren. Al paso sofrenado de su caballo, Golo, dominado por un atroz designio, sal√≠a del bosquecillo triangular que aterciopelaba con su sombr√≠o verdor la falda de una colina e iba adelant√°ndose a saltitos hacia el castillo de Genoveva de Brabante. La silueta de este castillo se cortaba en una l√≠nea curva, que no era otra cosa que el borde de uno de los √≥valos de vidrio insertados en el marc√≥ de madera que se introduc√≠a en la ranura de la linterna. No era, pues, m√°s que un lienzo de castillo que ten√≠a delante una landa, donde Genoveva, se entregaba a sus ensue√Īos; llevaba Genoveva un ce√Īidor celeste. El castillo y la landa eran amarillos, y yo no necesitaba esperar a verlos para saber de qu√© color eran porque antes de que me lo mostraran los cristales de la linterna ya me lo hab√≠a anunciado con toda evidencia la √°ureo-rojiza sonoridad del nombre de Brabante. Golo se paraba un momento para escuchar contristado el discurso que mi t√≠a le√≠a en alta voz y que Golo daba muestras de comprender muy bien, pues iba ajustando su actitud a las indicaciones del texto, con docilidad no exenta de cierta majestad; y luego se marchaba al mismo paso sofrenado con que lleg√≥. Si mov√≠amos la linterna, yo ve√≠a al caballo de Golo, que segu√≠a, avanzando por las cortinas del balc√≥n, se abarquillaba al llegar a las arrugas de la tela y descend√≠a en las aberturas. Tambi√©n el cuerpo de Golo era de una esencia tan sobrenatural como su montura, y se conformaba a todo obst√°culo material, a cualquier objeto que se le opusiera en su camino, tom√°ndola como osamenta, e intern√°ndola dentro de su propia forma, aunque fuera el bot√≥n de la puerta, al que se adaptaba en seguida para quedar luego flotando en √©l su roja vestidura, o su rostro p√°lido, tan noble y melanc√≥lico siempre, y que no dejaba traslucir ninguna inquietud motivada por aquella transverberaci√≥n. Claro es que yo encontraba cierto encanto en estas brillantes proyecciones que parec√≠an emanar de un pasado merovingio y paseaban por mi alrededor tan arcaicos reflejos de historia. Pero, sin embargo, es indecible el malestar que me causaba aquella intrusi√≥n de belleza y misterio en un cuarto que yo hab√≠a acabado por llenar con mi personalidad, de tal modo, que no le conced√≠a m√°s atenci√≥n que a mi propia persona. Cesaba la influencia anest√©sica de la costumbre, y me pon√≠a a pensar y asentir, cosas ambas muy tristes. Aquel bot√≥n de la puerta de mi cuarto, que para m√≠ se diferenciaba de todos los botones de puertas del mundo en que abr√≠a solo, sin que yo tuviese que darle vuelta, tan inconsciente hab√≠a llegado a serme su manejo, le ve√≠a ahora sirviendo de cuerpo astral a Golo. Y en cuanto o√≠a la campanada que llamaba a la cena me apresuraba a correr al comedor, donde la gran l√°mpara colgante, que no sab√≠a de Golo ni de Barba Azul, y que tanto sab√≠a de mis padres y de los platos de vaca rehogada, daba su luz de todas las noches; y ca√≠a en brazos de mam√°, a la que me hac√≠an mirar con m√°s cari√Īo los infortunios acaecidos a Genoveva, lo mismo que los cr√≠menes de Golo me mov√≠an a escudri√Īar mi conciencia con mayores escr√ļpulos. Y despu√©s de cenar, ¬°ay!, ten√≠a que separarme de mam√°, que se quedaba hablando con los otros, en el jard√≠n, si hac√≠a buen tiempo, o en la salita, donde todos se refugiaban si el tiempo era malo. Todos menos mi abuela, que opinaba que ¬ęen el campo es una pena estarse encerrado¬Ľ, y sosten√≠a constantemente discusiones con mi padre, los d√≠as que llov√≠a mucho, porque me mandaba a leer a mi cuarto en vez de dejarme estar afuera. ¬ęLo que es as√≠ nunca se le har√° un ni√Īo fuerte y en√©rgico .dec√≠a tristemente., y m√°s esta criatura, que tanto necesita ganar fuerzas y voluntad.¬Ľ Mi padre se encog√≠a de hombros y se pon√≠a a mirar el bar√≥metro, porque le gustaba la meteorolog√≠a, y mientras, mi madre, cuidando de no hacer ruido para no distraerlo, lo miraba con tierno respeto, pero sin excesiva fijeza, como sin intenci√≥n de penetrar en el misterio de su superioridad. Pero mi abuela, hiciera el tiempo que hiciera, aun en los d√≠as en que la lluvia ca√≠a firme, cuando Francisca entraba en casa precipitadamente los preciosos sillones de mimbre, no fueran a mojarse, se dejaba ver en el jard√≠n, desierto y azotado por la lluvia, levant√°ndose los mechones de cabello gris y desordenado para que su frente se empapara m√°s de la salubridad del viento y del agua. Dec√≠a: ¬ęPor fin, respiramos¬Ľ, recorriendo las empapadas calles del jard√≠n .calles alineadas con excesiva simetr√≠a y seg√ļn su gusto por el nuevo jardinero, que carec√≠a del sentimiento de la naturaleza, aquel jardinero a quien mi padre preguntaba desde la ma√Īana temprano si se arreglar√≠a el tiempo. con su menudo paso entusiasta y brusco, paso al que daban la norma los varios movimientos que despertaban en su alma la embriaguez de la tormenta, la fuerza de la higiene, la estupidez de mi educaci√≥n y la simetr√≠a de los jardines, en grado mucho mayor que su inconsciente deseo de librar a su falda color cereza de esas manchas de barro que la cubr√≠an hasta una altura tal que desesperaban a su doncella. Cuando estas vueltas por el jard√≠n las daba mi abuela, despu√©s de cenar, una cosa hab√≠a capaz de hacerla entrar en casa: y era que, en uno de esos momentos en que la peri√≥dica revoluci√≥n de sus paseos la tra√≠a como un insecto frente a las luces de la salita en donde estaban servidos los licores, en la mesa de jugar, le gritara mi t√≠a: ¬ęMatilde, ven y no dejes a tu marido que beba co√Īac¬Ľ. Como a mi abuelo le hab√≠an prohibido los licores, mi t√≠a para hacerla rabiar (porque hab√≠a llevado a la familia de mi padre un car√°cter tan diferente, que todos le daban bromas y la atormentaban), le hac√≠a beber unas gotas. Mi abuela entraba a pedir vivamente a su marido que no probara el co√Īac; enfad√°base √©l y echaba su trago, sin hacer caso; entonces mi abuela tornaba a salir, desanimada y triste, pero sonriente sin embargo, porque era tan buena y de tan humilde coraz√≥n, que su cari√Īo a los dem√°s y la poca importancia que a s√≠ propia se daba se armonizaban dentro de sus ojos en una sonrisa, sonrisa que, al rev√©s de las que vemos en muchos rostros humanos, no encerraba iron√≠a m√°s que hacia su misma persona, y para nosotros era como el besar de unos ojos que no pueden mirar a una persona querida sin acariciarla apasionadamente. Cosas son √©sas como el suplicio que mi t√≠a inflig√≠a a mi abuela, como el espect√°culo de las vanas s√ļplicas de √©sta, y de su debilidad de car√°cter, ya rendida antes de luchar, para quitar a mi abuelo su vaso de licor, a las que nos acostumbramos m√°s tarde hasta el punto de llegar a presenciarlas con risa y a ponernos de parte del perseguidor para persuadirnos a nosotros mismos de que no hay tal persecuci√≥n; pero entonces me inspiraban tal horror, que de buena gana hubiera pegado a mi t√≠a. Pero yo, en cuanto o√≠a la frase: ¬ęMatilde, ven y no dejes a tu marido que beba co√Īac¬Ľ, sinti√©ndome ya hombre por lo cobarde, hac√≠a lo que hacemos todos cuando somos mayores y presenciamos dolores e injusticias: no quer√≠a verlo, y me sub√≠a a llorar a lo m√°s alto de la casa, junto al tejado, a una habitacioncita que estaba al lado de la sala de estudio, que ol√≠a a lirio y que estaba aromada, adem√°s, por el perfume de un grosellero que crec√≠a afuera, entre las piedras del muro, y que introduc√≠a una rama por la entreabierta ventana. Este cuarto, que estaba destinado a un uso m√°s especial y vulgar, y desde el cual se dominaba durante el d√≠a claro hasta el torre√≥n de Roussainville-le-Pin, me sirvi√≥ de refugio mucho tiempo, sin duda por ser el √ļnico donde pod√≠a encerrarme con llave, para aquellas de mis ocupaciones que exig√≠an una soledad inviolable: la lectura, el ensue√Īo, el llanto y la voluptuosidad. Lo que yo ignoraba entonces es que mi falta de voluntad, mi fr√°gil salud y la incertidumbre que ambas cosas proyectaban sobre mi porvenir contribu√≠an, en mayor y m√°s dolorosa proporci√≥n que las infracciones de r√©gimen de su marido, a las preocupaciones que ocupaban a mi abuela durante las incesantes deambulaciones de por la tarde o por la noche, cuando la ve√≠amos pasar y repasar, alzado un poco oblicuamente hacia el cielo aquel hermoso rostro suyo, de mejillas morenas y surcadas por unas arrugas que, al ir haci√©ndose vieja, hab√≠an tomado un tono malva como las labores en tiempo de oto√Īo; ugas, cruzadas, si ten√≠a que salir, por las rayas de un velillo a medio alzar, y en las que siempre se estaba secando una l√°grima involuntaria, ca√≠da entre aquellos surcos por causa del fr√≠o o de un pensamiento penoso. Al subir a acostarme, mi √ļnico consuelo era que mam√° habr√≠a de venir a darme un beso cuando ya estuviera yo en la cama. Pero duraba tan poco aquella despedida y volv√≠a mam√° a marcharse tan pronto, que aquel momento en que la o√≠a subir, cuando se sent√≠a por el pasillo de doble puerta el leve roce de su traje de jard√≠n, de muselina blanca con cordoncitos colgantes de paja trenzada, era para m√≠ un momento doloroso. Porque anunciaba el instante que vendr√≠a despu√©s, cuando me dejara solo y volviera abajo. Y por eso llegu√© a desear que ese adi√≥s con que yo estaba tan encari√Īado viniera lo m√°s tarde posible y que se prolongara aquel espacio de tregua que preced√≠a a la llegada de mam√°. Muchas veces, cuando ya me hab√≠a dado un beso e iba a abrir la puerta para marcharse, quer√≠a llamarla, decirle que me diera otro beso, pero ya sab√≠a que pondr√≠a cara de enfado, porque aquella concesi√≥n que mam√° hac√≠a a mi tristeza y a mi inquietud subiendo a decirme adi√≥s, molestaba a mi padre, a quien parec√≠an absurdos estos ritos; y lo que ella hubiera deseado es hacerme perder esa costumbre, muy al contrario de dejarme tomar esa otra nueva de pedirle un beso cuando ya estaba en la puerta. Y el verla enfadada destrozaba toda la calma que un momento antes me tra√≠a al inclinar sobre mi lecho su rostro lleno de cari√Īo, ofreci√©ndomelo como una ostia para una comuni√≥n de paz, en la que mis labios saborear√≠an su presencia real y la posibilidad de dormir. Pero aun eran buenas esas noches cuando mam√° se estaba en mi cuarto tan poco rato, por comparaci√≥n con otras en que hab√≠a invitados a cenar y mam√° no pod√≠a subir. Por lo general, el invitado era el se√Īor Swann, que, aparte de los forasteros de paso era la √ļnica visita que ten√≠amos en Combray, unas noches para cenar, en su calidad de vecino (con menos frecuencia desde que hab√≠a hecho aquella mala boda, porque mis padres no quer√≠an recibir a su mujer), y otras despu√©s de cenar, sin previo aviso. Algunas noches, cuando est√°bamos sentados delante de la casa alrededor de la mesa de hierro, cobijados por el viejo casta√Īo, o√≠amos al extremo del jard√≠n, no el cascabel chill√≥n y profuso que regaba y aturd√≠a a su paso con un ruido ferruginoso, helado e inagotable, a cualquier persona de casa que le pusiera en movimiento al entrar sin llamar, sino el doble tintineo, t√≠mido, oval y dorado de la campanilla, que anunciaba a los de fuera; y en seguida todo el mundo se preguntaba: ¬ęUna visita. ¬ŅQui√©n ser√°?¬Ľ, aunque sab√≠amos muy bien que no pod√≠a ser nadie m√°s que el se√Īor Swann; mi t√≠a, hablando en voz alta, para predicar con el ejemplo, y tono que quer√≠a ser natural, nos dec√≠a que no cuchiche√°ramos as√≠, que no hay nada m√°s descort√©s que eso para el que llega, porque se figura que est√°n hablando de algo que √©l no debe o√≠r, y mand√°bamos a la descubierta a mi abuela, contenta siempre de tener un pretexto para dar otra vuelta por el jard√≠n, y que de paso se aprovechaba para arrancar subrepticiamente algunos rodrigones de rosales, con objeto de que las rosas tuvieran un aspecto m√°s natural, igual que la madre que con sus dedos ahueca la cabellera de su hijo porque el peluquero dejara el peinado liso por dem√°s. Nos quedamos todos pendientes de las noticias del enemigo que la abuela nos iba a traer, como si dud√°ramos entre un gran n√ļmero de posibles asaltantes, y en seguida mi abuelo dec√≠a: ¬ęMe parece la voz de Swann¬Ľ. En efecto: s√≥lo por la voz se lo reconoc√≠a; no se ve√≠a bien su rostro, de nariz repulgada, ojos verdes y elevada frente rodeada de cabellos casi rojos, porque en el jard√≠n ten√≠amos la menos luz posible, para no atraer los mosquitos; y yo iba, como el que no hace nada, a decir que trajeran los refrescos, cosa muy importante a los ojos de mi abuela, que consideraba mucho m√°s amable que los refrescos estuvieran all√≠ como por costumbre y no de modo excepcional y para las visitas tan s√≥lo. El se√Īor Swann, aunque mucho m√°s joven, ten√≠a mucha amistad con mi abuelo, que hab√≠a sido uno de los mejores amigos de su padre, hombre √©ste, seg√ļn dec√≠an, excelente, pero muy raro, y que, a veces, por una nader√≠a atajaba bruscamente los impulsos de su coraz√≥n o desviaba el curso de su pensamiento. Yo hab√≠a o√≠do contar a mi abuelo, en la mesa, varias veces al a√Īo las mismas an√©cdotas sobre la actitud del se√Īor Swann, padre, a la muerte de su esposa, a quien hab√≠a asistido en su enfermedad, de d√≠a y de noche. Mi abuelo, que no lo hab√≠a visto hac√≠a mucho tiempo, corri√≥ a su lado, a la posesi√≥n que ten√≠an los Swann al lado de Combray; y con objeto de que no estuviera delante en el momento de poner el cad√°ver en el ata√ļd, logr√≥ mi abuelo sacar al se√Īor Swann de la c√°mara mortuoria, todo lloroso. Anduvieron un poco por el jard√≠n, donde hab√≠a algo de sol, y, de pronto, el se√Īor Swann, agarrando a mi abuelo por el brazo, exclam√≥ ¬ę¬°Ah, amigo m√≠o, qu√© gusto da pasearse juntos con este tiempo tan hermoso! ¬ŅQu√©, no es bonito todo esto, los √°rboles, los espinos, el estanque? Por cierto que no me ha dicho usted si le agrada mi estanque. ¬°Qu√© cara tan mustia tiene usted! Y de este airecito que corre, ¬Ņqu√© me dice? Nada, nada, amigo m√≠o, digan lo que quieran hay muchas cosas buenas en la vida¬Ľ. De pronto, volv√≠a el recuerdo de su muerta; y pareci√©ndole sin duda cosa harto complicada el averiguar c√≥mo hab√≠a podido dejarse llevar en semejantes instantes por un impulso de alegr√≠a, se contentaba con recurrir a un adem√°n que le era familiar cada vez que se le presentaba una cuesti√≥n ardua: pasarse la mano por la frente y secarse los ojos y los cristales de los lentes. No pudo consolarse de la p√©rdida de su mujer; pero en los dos a√Īos que la sobrevivi√≥, dec√≠a a mi abuelo: ¬ę¬°Qu√© cosa tan rara! Pienso muy a menudo en mi pobre mujer; pero mucho, mucho de una vez no puedo pensar en ella¬Ľ. Y ¬ęa menudo, pero poquito de una vez, como el pobre Swann¬Ľ, pas√≥ a ser una de las frases favoritas de mi abuelo, que la dec√≠a a prop√≥sito de muy distintas cosas. Y hubiera tenido por un monstruo a aquel padre de Swann, si mi abuelo, que yo estimaba como mejor juez, y cuyo fallo al formar jurisprudencia para m√≠ me ha servido luego muchas veces para absolver faltas que yo me hubiera inclinado a condenar, no hubiera gritado: ¬ęPero, ¬Ņc√≥mo? ¬°Si era un coraz√≥n de oro!¬Ľ Durante muchos a√Īos, y a pesar de que el se√Īor Swann iba con mucha frecuencia, sobre todo antes de casarse, a ver a mis abuelos y a mi t√≠a, en Combray, no sospecharon los de casa que Swann ya no viv√≠a en el mismo medio social en que viviera su familia, y que, bajo aquella especie de inc√≥gnito que entre nosotros le prestaba el nombre de Swann, recib√≠an .con la misma perfecta inocencia de un honrado hostelero que tuviera en su casa, sin saberlo, a un bandido c√©lebre. a uno de los m√°s elegantes socios del Jockey Club, amigo favorito del conde de Par√≠s y del pr√≠ncipe de Gales y uno de los hombres m√°s mimados en la alta sociedad del barrio de Saint-Germain. Nuestra ignorancia de esa brillante vida mundana que Swann hac√≠a se basaba, sin duda, en parte, en la reserva y discreci√≥n de su car√°cter; pero tambi√©n en la idea, un tanto india, que los burgueses de entonces se formaban de la sociedad, consider√°ndola como constituida por castas cerradas, en donde cada cual, desde el instante de su nacimiento, encontr√°base colocado en el mismo rango que ocupaban sus padres, de donde nada, como no fueran el azar de una carrera excepcional o de un matrimonio inesperado, podr√≠a sacarle a uno para introducirle en una casta superior. El se√Īor Swann, padre, era agente de cambio; el ¬ęchico Swann¬Ľ deb√≠a, pues, formar parte para toda su vida de una casta en la cual las fortunas, lo mismo que en una determinada categor√≠a de contribuyentes, variaban entre tal y tal cantidad de renta. Era cosa sabida con qu√© gente se trataba su padre; as√≠ que se sab√≠a tambi√©n con qui√©n se trataba el hijo y cu√°les eran las personas con quienes ¬ępod√≠a rozarse¬Ľ. Y si ten√≠a otros amigos ser√≠an amistades de juventud, de esas ante las cuales los amigos viejos de su casa, como lo eran mis abuelos, cerraban ben√©volamente los ojos; tanto m√°s cuanto que, a pesar de estar ya hu√©rfano, segu√≠a viniendo a vernos con toda fidelidad; pero podr√≠a apostarse que esos amigos suyos que nosotros no conoc√≠amos, Swann no se hubiera atrevido a saludarlos si se los hubiera encontrado yendo con nosotros. Y si alguien se hubiera empe√Īado en aplicar a Swann un coeficiente social que lo distinguiera entre los dem√°s hijos de agentes de cambio deposici√≥n igual a la de sus padres, dicho coeficiente no hubiera sido de los m√°s altos, porque Swann, hombre de h√°bitos sencillos y que siempre tuvo ¬ęchifladura¬Ľ por las antig√ľedades y los cuadros, viv√≠a ahora en un viejo Palacio, donde iba amontonando sus colecciones, y que mi abuela estaba so√Īando con visitar, pero situado en el muelle de Orle√°ns, en un barrio en el que era denigrante habitar, seg√ļn mi t√≠a. ¬ę ¬ŅPero entiende usted algo de eso? Se lo pregunto por su propio inter√©s, porque me parece que los comerciantes de cuadros le deben meter muchos mamarrachos¬Ľ, le dec√≠a mi t√≠a; no cre√≠a ella que Swann tuviera competencia alguna en estas cosas, y, es m√°s, no se formaba una gran idea, desde el punto de vista intelectual, de un hombre que en la conversaci√≥n evitaba los temas serios y mostraba una precisi√≥n muy prosaica, no s√≥lo cuando nos daba recetas de cocina, entrando en los m√°s m√≠nimos detalles, sino tambi√©n cuando las hermanas de mi abuela hablaban de temas art√≠sticos. Invitado por ellas a dar su opini√≥n o a expresar su admiraci√≥n hacia un cuadro, guardaba un silencio que era casi descortes√≠a, y, en cambio, se desquitaba si le era posible dar una indicaci√≥n material sobre el Museo en que se hallaba o la fecha en que fue pintado. Pero, por lo general, content√°base con procurar distraernos cont√°ndonos cada vez una cosa nueva que le hab√≠a sucedido con alguien escogido de entre las personas que nosotros conoc√≠amos; con el boticario de Combray, con nuestra cocinera o nuestro cochero. Y es verdad que estos relatos hac√≠an re√≠r a mi t√≠a, pero sin que acertara a discernir si era por el papel rid√≠culo con que Swann se presentaba as√≠ propio en estos cuentos, o por el ingenio con que los contaba. Y le dec√≠a: ¬ęVerdaderamente es usted un tipo √ļnico, se√Īor Swann¬Ľ. Y como era la √ļnica persona un poco vulgar de la familia nuestra, cuid√°base mucho de hacer notar a las personas de fuera cuando de Swann se hablaba, que, de quererlo, podr√≠a vivir en el bulevar Haussmann o en la avenida de la √ďpera, que era hijo del se√Īor Swann, del que debi√≥ heredar cuatro o cinco millones, pero que aquello del muelle de Orl√©ans era un capricho suyo. Capricho que ella miraba como una cosa tan divertida para los dem√°s, que en Par√≠s, cuando el se√Īor Swann iba el d√≠a primero de a√Īo a llevarle su saquito de marrons glaces, nunca dejaba de decirle, si hab√≠a gente: ¬ę¬ŅQu√©, Swann, sigue usted viviendo junto a los dep√≥sitos de vino, para no Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 15 perder el tren si tiene que ir camino de Ly√≥n?¬Ľ Y miraba a los otros visitantes con el rabillo del ojo, por encima de su lente. Pero si hubieran dicho a mi t√≠a que ese Swann .que como tal Swann hijo estaba perfectamente ¬ęcalificado¬Ľ para entrar en los salones de toda la ¬ęburgues√≠a¬Ľ, de los notarios y procuradores m√°s estimados (privilegio que √©l abandonaba a la rama femenina de su familia)., hac√≠a una vida enteramente distinta, como a escondidas, y que, al salir de nuestra casa en Par√≠s, despu√©s de decirnos que iba a acostarse, volv√≠a sobre sus pasos apenas doblaba la esquina para dirigirse a una reuni√≥n de tal calidad que nunca fuera dado contemplarla a los ojos de ning√ļn agente de cambio ni de socio de agente, mi t√≠a hubiera tenido una sorpresa tan grande como pudiera serlo la de una dama m√°s le√≠da al pensar que era amiga personal de Aristeo, y que Aristeo, despu√©s de hablar con ella, iba a hundirse en lo hondo de los reinos de Tetis en un imperio oculto a los ojos de los mortales y en donde, seg√ļn Virgilio, le reciben a brazos abiertos; o .para servirnos de una imagen que era m√°s probable que acudiera a la mente de mi t√≠a, porque la hab√≠a visto pintada en los platitos para dulces de Combray. que hab√≠a tenido a cenar √° Al√≠ Bab√°, ese Al√≠ Bab√° que, cuando se sepa solo, entrar√° en una caverna resplandeciente de tesoros nunca imaginados. Un d√≠a en que, estando en Par√≠s, vino de visita despu√©s de cenar, excus√°ndose porque iba de frac, Francisca nos comunic√≥, cuando Swann se hubo marchado, que, seg√ļn le hab√≠a dicho su cochero, hab√≠a cenado ¬ęen casa de una princesa¬Ľ, mi t√≠a contest√≥, encogi√©ndose de hombros y sin alzar los ojos de su labor: ¬ęS√≠, en casa de una princesa de cierta clase de mujeres habr√° sido¬Ľ. As√≠ que mi t√≠a lo trataba de un modo altanero. Como cre√≠a que nuestras invitaciones deb√≠an ser para √©l motivo de halago, le parec√≠a muy natural que nunca fuera a vernos cuando era verano sin llevar en la mano un cestito de albaricoques o frambuesas de su jard√≠n, y que de cada viaje que hac√≠a a Italia me trajera fotograf√≠as de obras de arte c√©lebres. No ten√≠amos escr√ļpulo en mandarlo llamar en cuanto se necesitaba una receta de salsa gribiche, o de ensalada de pi√Īa, para comidas de etiqueta a las cuales no se lo invitaba, por considerar que no ten√≠a prestigio suficiente para presentarle a personas de fuera que iban a casa por primera vez. Si la conversaci√≥n reca√≠a sobre los pr√≠ncipes de la Casa de Francia, mi t√≠a hablaba de ellos diciendo: ¬ęPersonas que ni usted ni yo conoceremos nunca, ni falta que nos hace, ¬Ņverdad?¬Ľ, y se dirig√≠a a Swann, que quiz√° ten√≠a en el bolsillo una carta de Twickenham, y le mandaba correr al piano y volver la hoja las noches en que cantaba la hermana de mi abuela, mostrando para manejar a este Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 16 Swann, tan solicitado en otras partes, la ingenua dureza de un ni√Īo que juega con un cacharro de museo sin m√°s precauciones que con un juguete barato. Sin dada, el Swann que hacia la misma √©poca trataran tantos clubmen, no ten√≠a nada que ver con el que creaba mi t√≠a, con aquel oscuro e incierto personaje, que a la noche, en el jardincillo de Combray, y cuando hab√≠an sonado los dos vacilantes tintineos de la campanilla, se destacaba sobre un fondo de tinieblas, identificable solamente por su voz, y al que mi t√≠a rellenaba y vivificaba con todo lo que sab√≠a de la familia Swann. Pero ni siquiera desde el punto de vista de las cosas m√°s insignificantes de la vida somos los hombres un todo materialmente constituido, id√©ntico para todos, y del que cualquiera puede enterarse como de un pliego de condiciones o de un testamento; no, nuestra personalidad social es una creaci√≥n del pensamiento de los dem√°s. Y hasta ese acto tan sencillo que llamamos ¬ęver a una persona conocida¬Ľ es, en parte, un acto intelectual. Llenamos la apariencia f√≠sica del ser que est√° ante nosotros con todas las nociones que respecto a √©l tenemos, y el aspecto total que de una persona nos formamos est√° integrado en su mayor parte por dichas nociones. Y ellas acaban por inflar tan cabalmente las mejillas, por seguir con tan perfecta adherencia la l√≠nea de la nariz, y por matizar tan delicadamente la sonoridad de la voz, como si √©sta no fuera m√°s que una transparente envoltura, que cada vez que vemos ese rostro y o√≠mos esa voz, lo que se mira y lo que se oye son aquellas nociones. Indudablemente, en el Swann que mis padres se hab√≠an formado omitieron por ignorancia una multitud de particularidades de su vida mundana, que eran justamente la causa de que otras personas, al mirarle, vieran c√≥mo todas las elegancias triunfaban en su rostro, y se deten√≠an en su nariz pellizcada, como en su frontera natural; pero, en cambio, pudieron acumular en aquella cara despojada de su prestigio, vacante y espaciosa, y en lo hondo de aquellos ojos, preciados menos de lo justo, el vago y suave sedimento .medio recuerdo y medio olvido. que dejaron las horas de ocio pasadas en su compa√Ī√≠a despu√©s de cada comida semanal alrededor de la mesita de juego, o en el jard√≠n, durante nuestra vida de amistosa vecindad campesina. Con esto, y con algunos recuerdos relativos a sus padres, estaba tan bien rellena la envoltura corporal de nuestro amigo, que aquel Swann lleg√≥ a convertirse en un ser completo y vivo, y que yo siento la impresi√≥n de separarme de una persona para ir hacia otra enteramente distinta, cuando en mi memoria pas√≥ del Swann que m√°s tarde conoc√≠ con exactitud a ese primer Swann .a ese primer Swann en el que me encuentro con los errores amables de mi juventud, y que adem√°s se parece menos al otro. Swann de despu√©s que a las personas que yo Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 17 conoc√≠a en la misma √©poca, como si pasara con nuestra vida lo que con un museo en donde todos los retratos de un mismo tiempo tienen un aire de familia y una misma tonalidad., a ese primer Swann, imagen del ocio; perfumado por el olor del viejo casta√Īo, de los cestillos de frambuesas y de una brizna de estrag√≥n. Y, sin embargo, un d√≠a que mi abuela tuvo que ir a pedir un favor a una se√Īora que hab√≠a conocido en el Sagrado Coraz√≥n (y con la que no hab√≠a seguido trat√°ndose, a pesar de una rec√≠proca simpat√≠a por aquella idea nuestra de las castas), la marquesa de Villeparisis, de la c√©lebre familia de los Bouillon, esta se√Īora le dijo: ¬ęCreo que conoce usted mucho a un gran amigo de mis sobrinos los de Laumes, el se√Īor Swann¬Ľ. Mi abuela volvi√≥ de su visita entusiasmada por la casa, que daba a un jard√≠n, y adonde la marquesa le hab√≠a aconsejado que se fuera a vivir, y entusiasmada tambi√©n por un chalequero y su hija, que ten√≠an en el patio una tiendecita, donde entr√≥ mi abuela a que le dieran una puntada en la falda que se le hab√≠a roto en la escalera. A mi abuela le hab√≠an parecido gentes perfectas, y declaraba que la muchacha era una perla y el chalequero el hombre mejor y m√°s distinguido que vio en su vida. Porque para ella la distinci√≥n era cosa absolutamente independiente del rango social. Se extasiaba al pensar en una respuesta del chalequero, y dec√≠a a mam√° ¬ęSevign√© no lo hubiera dicho mejor¬Ľ; y en cambio contaba de un sobrino de la se√Īora de Villeparisis que hab√≠a encontrado en su casa: ¬ę¬°Si vieras qu√© ordinario es, hija m√≠a!¬Ľ Lo que dijo de Swann tuvo por resultado no el realzar a √©ste en la opini√≥n de mi t√≠a, sino de rebajar a la se√Īora de Villeparisis. Parec√≠a que la consideraci√≥n que, fiados en mi abuela, ten√≠amos a la se√Īora de Villeparisis le impusiera el deber de no hacer nada indigno de esa estima, y que hab√≠a faltado a ella al enterarse de que Swann exist√≠a y permitir a parientes suyos que le trataran. ¬ę¬ŅConque conoce a Swann? ¬ŅUna persona que se dice pariente del mariscal de Mac-Mahon?¬Ľ Esta opini√≥n de mis padres respecto a las amistades de Swann pareci√≥ confirmarse por su matrimonio con una mujer de mala sociedad, una cocotte casi; Swann no intent√≥ nunca present√°rnosla, y sigui√≥ viniendo a casa solo, cada vez m√°s de tarde en tarde, y por esta mujer se figuraban mis padres que pod√≠an juzgar del medio social, desconocido de ellos; en que andaba Swann, y donde se imaginaban que la fue a encontrar. Pero una vez mi abuelo ley√≥ en un peri√≥dico que el se√Īor Swann era uno de los m√°s fieles concurrentes a los almuerzos que daba los domingos el duque de X..., cuyo padre y cuyo t√≠o figuraron entre los primeros estadistas del reinado de Luis Felipe. Y como mi abuelo Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 18 sent√≠a gran curiosidad por todas las menudas circunstancias que le ayudaban a penetrar con el pensamiento en la vida privada de hombres como Mol√©, el duque de Pasquier el duque de Broglie, se alegr√≥ mucho al saber que Swann se trataba con personas que los hab√≠an conocido. Mi t√≠a, por el contrario, interpret√≥ esta noticia desfavorablemente para Swann; la persona que buscaba sus amigos fuera de la casta que naci√≥, fuera de su ¬ęclase¬Ľ social, sufr√≠a a sus ojos un descenso social. Le parec√≠a a mi t√≠a que as√≠ se renunciaba de golpe a aquellas buenas amistades con personas bien acomodadas, que las familias previsoras cultivan y guardan dignamente para sus hijos (mi t√≠a hab√≠a dejado de visitarse con el hijo de un notario amigo nuestro porque se cas√≥ con una alteza, descendiendo as√≠, para ella, del rango respetable de hijo de notario al de uno de esos aventureros, ayuda de c√°mara o mozos de cuadra un d√≠a, de los que se cuenta que gozaron caprichos de reina. Censur√≥ el prop√≥sito que formara mi abuelo de preguntar a Swann la primera noche que viniera a cenar a casa cosas relativas a aquellos amigos que le descubr√≠amos. Adem√°s, las dos hermanas de mi abuela, solteronas que ten√≠an el mismo natural noble que ella, pero no su agudeza, declararon que no comprend√≠an qu√© placer pod√≠a sacar su cu√Īado de hablar de semejantes simplezas. Eran ambas personas de elevadas miras e incapaces, precisamente por eso, de interesarse por lo que se llama un chisme, aunque tuviese un inter√©s hist√≥rico, ni, en general, por nada, que no se refiriera directamente a un objeto est√©tico o virtuoso. Tal era el desinter√©s de su pensamiento respecto a aquellas cosas que de lejos o de cerca pudieran referirse a la vida de sociedad, que su sentido auditivo .acabando por comprender su inutilidad moment√°nea en cuanto en la mesa tomaba la conversaci√≥n un tono fr√≠volo o sencillamente prosaico, sin que las dos viejas se√Īoritas pudieran encaminarla hacia los temas para ellas gratos dejaba descansar sus √≥rganos, receptores, haci√©ndoles padecer un verdadero comienzo de atrofia. Si mi abuelo necesitaba entonces llamar la atenci√≥n de alguna de las dos hermanas ten√≠a que echar mano de esos avisos a que recurren los alienistas para con algunos man√≠acos de la distracci√≥n, a saber: varios golpes repetidos en un vaso con la hoja de un cuchillo, coincidiendo con una brusca interpelaci√≥n de la voz y la mirada, medios violentos que esos psiquiatras transportan a menudo, al trato corriente con personas sanas, ya sea por costumbre profesional, ya porque consideren a todo el mundo un poco loco. M√°s se interesaron cuando la v√≠spera del d√≠a en que Swann estaba invitado (y Swann les hab√≠a enviado aquel d√≠a una caja de Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 19 botellas de vino de Asti), mi t√≠a, en la mano un n√ļmero de El F√≠garo en el que se le√≠a junto al t√≠tulo de un cuadro que estaba en una Exposici√≥n de Corot, ¬ęde la colecci√≥n del se√Īor Carlos Swann¬Ľ, nos dijo: ¬ę¬ŅHab√©is visto que Swann goza los honores de El F√≠garo?¬Ľ ¬ęYo siempre os he dicho que ten√≠a muy buen gusto¬Ľ, contest√≥ mi abuela. ¬ęNaturalmente, ten√≠as que ser t√ļ, en cuanto se trata de sustentar una opini√≥n contraria a la nuestra¬Ľ, respondi√≥ mi t√≠a; porque sab√≠a que mi abuela no compart√≠a su opini√≥n nunca, y como no estaba muy segura de que era a ella y no a mi abuela a quien d√°bamos siempre la raz√≥n, quer√≠a arrancarnos una condena en bloque de las opiniones de mi abuela, tratando, para ir contra ellas, de solidarizarnos por fuerza con las suyas. Pero nosotros nos qued√°bamos callados. Como las hermanas de mi abuela manifestaran su intenci√≥n de decir algo a Swann respecto a lo de El F√≠garo, mi t√≠a las disuadi√≥. Cada vez que ve√≠a a los dem√°s ganar una ventaja, por peque√Īa que fuera, que no le tocaba a ella, se convenc√≠a de que no era tal ventaja, sino un inconveniente, y para no tener que envidiar a los otros, los compadec√≠a. ¬ęCreo que no le dar√° ning√ļn gusto; a m√≠, por mi parte, me ser√≠a muy desagradable ver mi nombre impreso as√≠ al natural en el peri√≥dico, y no me halagar√≠a nada que me vinieran a hablar de eso.¬Ľ No tuvo que empe√Īarse en persuadir a las hermanas de mi abuela; porque √©stas, por horror a la vulgaridad, llevaban tan all√° el arte de disimular bajo ingeniosas per√≠frasis una alusi√≥n personal, que muchas veces pasaba inadvertida aun de la misma persona a quien iba dirigida. En cuanto a mi madre, su √ļnico pensamiento era lograr de mi padre que consintiera en hablar a Swann, no ya de su mujer, sino de su hija, hija que Swann adoraba y que era, seg√ļn dec√≠an, la causa de que hubiera acabado por casarse. ¬ęPod√≠as decirle unas palabras nada m√°s, preguntarle c√≥mo est√° la ni√Īa.¬Ľ Pero mi padre se enfadaba. ¬ęNo, eso es disparatado. Ser√≠a rid√≠culo.¬Ľ Pero yo fui la √ļnica persona de casa para quien la visita de Swann lleg√≥ a ser objeto de una penosa preocupaci√≥n. Y es que las noches en que hab√≠a alg√ļn extra√Īo, aunque s√≥lo fuera el se√Īor Swann, mam√° no sub√≠a a mi cuarto. Yo no me sentaba a cenar a la mesa; acabada mi cena, me iba un rato al jard√≠n y luego me desped√≠a y sub√≠a a acostarme. Cenaba aparte, antes que los dem√°s, e iba luego a sentarme a la mesa hasta las ocho, hora en que, con arreglo a lo preceptuado, ten√≠a que subir a acostarme; ese beso precioso y fr√°gil que de costumbre mam√° me confiaba, cuando yo estaba ya en la cama, hab√≠a que transportarlo entonces desde el comedor a mi alcoba y guardarle todo el rato que tardaba en desnudarme, sin que se quebrara su dulzor, sin que su virtud vol√°til se difundiera y se evaporara, y Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 20 justamente aquellas noches en que yo deseaba recibirle con mayor precauci√≥n no me cab√≠a m√°s remedio que cogerle, arrancarle, brusca y p√ļblicamente, sin tener siquiera el tiempo y la libertad de √°nimo necesarios para poner en aquello que hac√≠a esa atenci√≥n de los man√≠acos que se afanan por no pensar en otra cosa cuando est√°n cerrando una puerta, con objeto de que cuando retorn√© la enfermiza incertidumbre puedan oponerle victoriosamente el recuerdo del momento en que cerraron. Est√°bamos todos en el jard√≠n cuando sonaron los dos vacilantes campanillazos. Sab√≠amos que era Swann; sin embargo, todos nos miramos con aire de interrogaci√≥n, y se mand√≥ a mi abuela a la descubierta. ¬ęNo se os olvide darle las gracias de un modo inteligible por el vino; es delicioso y la caja muy grande¬Ľ, recomend√≥ mi abuelo a sus dos cu√Īadas. ¬ęNo empec√©is a cuchichear¬Ľ, dijo mi t√≠a. ¬°Qu√© agradable es entrar en una casa donde todo el mundo est√° hablando bajito! ¬ę¬°Ah!, aqu√≠ est√° el se√Īor Swann. Vamos a preguntarle si le parece que ma√Īana har√° buen tiempo¬Ľ, dijo mi padre. Mi madre estaba pensando que una sola palabra suya pod√≠a borrar todo el da√Īo que en casa hab√≠amos podido hacer a Swann desde que se cas√≥. Y se las compuso para llevarle un poco aparte. Pero yo fui detr√°s; no pod√≠a decidirme a separarme ni un paso de ella al pensar que dentro de un momento tendr√≠a que dejarla en el comedor y subir a mi alcoba, sin tener el consuelo de que subiera a darme un beso como los dem√°s d√≠as. ¬ęVamos a ver, se√Īor Swann, cu√©nteme usted cosas de su hija; de seguro que ya tiene afici√≥n a las cosas bonitas, como su padre.¬Ľ ¬ęPero vengan ustedes a sentarse aqu√≠ en la galer√≠a con nosotros¬Ľ, dijo mi abuelo acerc√°ndose. Mi madre tuvo que interrumpirse, pero hasta de aquel obst√°culo sac√≥ un pensamiento delicado m√°s, como los buenos poetas a quienes la tiran√≠a de la rima obliga a encontrar sus m√°ximas bellezas. ¬ęYa hablaremos de ello cuando estemos los dos solos .dijo Swann a media voz.. S√≥lo una madre la puede entender a usted. De seguro que la mam√° de su ni√Īa opina como yo.¬Ľ Nos sentamos todos alrededor de la mesa de hierro. Yo quer√≠a pensar en las horas de angustia que aquella noche pasar√≠a yo solo en mi cuarto sin poder dormirme; hac√≠a por convencerme de que no ten√≠an tanta importancia, puesto que al d√≠a siguiente ya las habr√≠a olvidado, y trataba de agarrarme a ideas de porvenir, esas ideas que hubieran debido llevarme, como por un puente, hasta m√°s all√° del abismo cercano que me aterrorizaba. Pero mi esp√≠ritu, en tensi√≥n por la preocupaci√≥n, y convexo, como la mirada con que yo flechaba a mi madre, no se dejaba penetrar por ninguna Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 21 impresi√≥n extra√Īa. Los pensamientos entraban en √©l, s√≠, pero a condici√≥n de dejarse fuera cualquier elemento de belleza o sencillamente de diversi√≥n que hubiera podido emocionarme o distraerme. Lo mismo que un enfermo, gracias a un anest√©sico, asiste con entera lucidez a la operaci√≥n que le est√°n haciendo, pero sin sentir nada, yo me recitaba versos que me gustaban, o me complac√≠a en fijarme en los esfuerzos que hac√≠a mi abuelo para hablar a Swann del duque de Audiffret-Pasquier, sin que √©stos me inspiraran ning√ļn regocijo ni aqu√©llos ninguna emoci√≥n. Los esfuerzos fueron infructuosos. Apenas hubo mi abuelo hecho a Swann una pregunta relativa a aquel orador, cuando una de las hermanas de mi abuela, en cuyos o√≠dos resonara la pregunta como una pausa profunda, pero intempestiva, y que ser√≠a cort√©s romper, dijo, dirigi√©ndose a la otra: ¬ęSabes; Celina, he conocido a una maestra joven, de Suecia, que me ha contado detalles interesant√≠simos sobre las cooperativas en los pa√≠ses escandinavos. Habr√° que invitarla una noche¬Ľ. ¬ęYa lo creo .contest√≥ su hermana Flora.; pero yo tampoco he perdido el tiempo. Me he encontrado en casa del se√Īor Vinteuil con un sabio muy viejo que conoce mucho a Maubant, el cual le ha explicado muy detalladamente lo que hace para preparar sus pape-les. Es interesant√≠simo. Es vecino del se√Īor Vinteuil, yo no lo sab√≠a; un hombre muy amable.¬Ľ ¬ęNo es s√≥lo el se√Īor Vinteuil el que tiene vecinos amables¬Ľ, exclam√≥ mi t√≠a Celina con voz que era fuerte, a causa de la timidez, y ficticia, a causa de la premeditaci√≥n, lanzando a Swann lo que ella llamaba una mirada significativa. Al mismo tiempo, mi t√≠a Flora, que comprendi√≥ que la frase era el modo de dar las gracias por el vino de Asti, mir√≥ tambi√©n a Swann con un tanto de congratulaci√≥n y otro tanto de iron√≠a, ya fuera para subrayar el rasgo de ingenio de su hermana, ya porque envidiara a Swann el haberlo inspirado, ya porque no pudiera por menos de burlarse de √©l porque le cre√≠a puesto en un brete. ¬ęMe parece que podremos lograr que venga a cenar una noche .sigui√≥ Flora.; cuando se le da cuerda acerca de Maubant o de la Materna se est√° hablando horas y horas.¬Ľ ¬ęDebe de ser delicioso¬Ľ, dijo mi abuelo suspirando; porque la naturaleza se hab√≠a olvidado de poner en su alma la posibilidad de interesarse apasionadamente por las cooperativas suecas o la preparaci√≥n de los papeles de Maubant, tan completamente como se olvid√≥ de proporcionar a las hermanas de mi abuela ese granito de sal que tiene que poner uno mismo, para encontrarle sabor a un relato acerca de la vida √≠ntima de Mol√© o del conde de Par√≠s. ¬ęPues, mire usted .dijo Swann a mi abuelo.: lo que le voy a decir tiene m√°s relaci√≥n de lo que parece con lo que me preguntaba usted, porque en Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 22 algunos respectos las cosas no han cambiado mucho. Estaba yo esta ma√Īana releyendo en Saint-Simon una cosa que le hubiera a usted divertido. Es el tomo que trata de cuando fue de embajador a Espa√Īa; no es uno de los mejores, no es casi m√°s que un diario, pero por lo menos es un diario maravillosamente escrito, lo cual empieza ya a diferenciarle de esos cargantes diarios que nos creemos en la obligaci√≥n de leer ahora por la ma√Īana y por la noche.¬Ľ ¬ęNo soy yo de esa opini√≥n: hay d√≠as en que la lectura de los diarios me parece muy agradable...¬Ľ, interrumpi√≥ mi t√≠a Flora para hacer ver que hab√≠a le√≠do en El F√≠garo la frase relativa al Corot de Swann. ¬ęS√≠, cuando hablan de cosas o de personas que nos interesan¬Ľ, realz√≥ mi t√≠a Celina. ¬ęNo digo que no .replic√≥ Swann un poco sorprendido.. Lo que a m√≠ me parece mal en los peri√≥dicos es que soliciten todos los d√≠as nuestra atenci√≥n para cosas insignificantes, mientras que los libros que contienen cosas esenciales no los leemos m√°s que tres o cuatro veces en toda nuestra vida. En el momento en que rompemos febrilmente todas las ma√Īanas la faja del peri√≥dico, las cosas deb√≠an cambiarse y aparecer en el peri√≥dico, yo no s√© qu√©, los... pensamientos de Pascal, por ejemplo .y destac√≥ esta palabra con un tono de √©nfasis ir√≥nico, para no parecer pedante.; y, en cambio, en esos tomos de cantos dorados que no abrimos m√°s que cada diez a√Īos es donde debi√©ramos leer que la reina de Grecia ha salido para Cannes, o que la duquesa de Le√≥n ha dado un baile de trajes¬Ľ, a√Īadi√≥ Swann dando muestra de ese desd√©n por las cosas mundanas que afectan algunos hombres de mundo. Pero lamentando haberse inclinado a hablar de cosas serias, aunque las tratara ligeramente, dijo con iron√≠a: ¬ęHermosa conversaci√≥n tenemos; no s√© por qu√© abordamos estas cimas¬Ľ, y volvi√©ndose hacia mi abuelo: ¬ęPues cuenta Saint-Simon que Maulevrier tuvo un d√≠a el valor de tender la mano a sus hijos. Ya sabe usted que de ese Maulevrier es de quien dice: ¬ęNunca vi en esa botella ordinaria m√°s que mal humor, groser√≠a y estupideces.¬Ľ ¬ęOrdinarias o no, ya s√© yo de botellas que tienen otra cosa¬Ľ, dijo vivamente Flora, que ten√≠a inter√©s en dar las gracias ella tambi√©n a Swann, porque el regalo era para las dos. Celina se ech√≥ a re√≠r. Swann, desconcertado, prosigui√≥: ¬ęYo no s√© si fue por pasarse de tonto o por pasarse de listo, escribe Saint-Simon. que quiso dar la mano a mis hijos. Lo not√© lo bastante a tiempo para imped√≠rselo¬Ľ. Mi abuelo ya se estaba extasiando ante la locuci√≥n; pero la se√Īorita Celina, en cuya persona el nombre de Saint-Simon .un literato. hab√≠a impedido la anestesia total de las facultades auditivas, se indign√≥: ¬ę¬Ņ C√≥mo? ¬ŅY admira usted eso? Pues s√≠ que tiene gracia. ¬ŅQu√© quiere decir eso? ¬ŅEs que un hombre no vale lo mismo que otro? ¬ŅQu√© m√°s da que sea duque o cochero si es listo y bueno? Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 23 Buena manera ten√≠a de educar a sus hijos su Saint-Simon de usted, si no los ense√Īaba a dar la mano a todas las personas honradas. Es sencillamente odioso. Y se atreve usted a citar eso¬Ľ. Y mi abuelo, afligido, y comprendiendo ante esta obstrucci√≥n la imposibilidad de intentar que Swann le contara aquellas an√©cdotas que tanto le hubieran divertido, dec√≠a en voz baja a mam√°: ¬ęRecu√©rdame ese verso que me ense√Īaste y que me consuela tanto en estos momentos. ¬°Ah!, s√≠: Se√Īor, cu√°ntas virtudes nos has hecho t√ļ odiosas. ¬°Qu√© bien est√° eso! Yo no quitaba la vista de encima a mi madre; sab√≠a bien que cuando estuvi√©ramos a la mesa no me dejar√≠an quedarme mientras durara toda la comida, y que para no contrariar a mi padre, mam√° no me permitir√≠a que le diera m√°s de un beso delante de la gente, como si fuera en mi cuarto. As√≠ que ya me estaba yo prometiendo para cuando, estando todos en el comedor, empezaran a cenar ellos y sintiera yo que se acercaba la hora, sacar por anticipado de aquel beso, que habr√≠a de ser tan corto y fugitivo, todo lo que yo √ļnicamente pod√≠a sacar de √©l: escoger con la mirada el sitio de la mejilla que iba a besar, preparar el pensamiento para poder consagrar gracias a ese comienzo mental del beso, el minuto entero que me concediera mi madre al sentir su cara en mis labios, como un pintor que no puede lograr largas sesiones de modelo prepara su paleta y hace por anticipado de memoria, con arreglo a sus apuntes, todo aquello para lo cual puede en rigor prescindir del modelo. Pero he aqu√≠ que, antes de que llamaran a cenar, mi abuelo tuvo la ferocidad inconsciente de decir: ¬ęParece que el ni√Īo est√° cansado, deber√≠a subir a acostarse. Porque, adem√°s, esta noche cenamos tarde¬Ľ. Y mi padre, que no guardaba con la misma escrupulosidad que mi muela y mi madre el respeto a la fe jurada, dijo: ¬ęS√≠, anda, ve a acostarte¬Ľ. Fui a besar a mam√° y en aquel momento son√≥ la campana para la cena. No, no, deja a tu madre; bastante os hab√©is dicho adi√≥s ya; esas manifestaciones son rid√≠culas. Anda, sube.¬Ľ Y tuve que marcharme sin vi√°tico, tuve que subir cada escal√≥n llevando la contra a mi coraz√≥n, ir subiendo contra mi coraz√≥n, que quer√≠a volverse con mi madre, porque √©sta no le hab√≠a dado permiso para venirse conmigo, como se le daba todas las noches con el beso. Aquella odiada escalera por la que siempre sub√≠ con tan triste √°nimo echaba un olor a barniz que en cierto modo absorbi√≥ y fij√≥ aquella determinada especie de pena que yo sent√≠a todas las noches, contribuyendo a hacerla a√ļn m√°s cruel para mi sensibilidad, porque bajo esa forma olfativa mi inteligencia no pod√≠a participar de ella. Cuando estamos durmiendo y no nos damos cuenta de un dolor de muelas que nos Librodot En busca del tiempo perdido I Marcel Proust 24 asalta, sino bajo la forma de una muchacha que est√° ahog√°ndose y que intentamos sacar del agua doscientas veces seguidas, o de un verso de Moli√®re que nos repetimos sin cesar, nos alivia mucho despertarnos y que nuestra inteligencia pueda separar la idea de dolor de muelas de todo disfraz heroico o acompasado que adoptar√°. Lo contrario de este consuelo es lo que yo sent√≠a cuando la pena de subirme a mi cuarto penetraba en m√≠ de un modo infinitamente m√°s r√°pido, casi instant√°neo, insidioso y brusco a la vez, por la inhalaci√≥n .mucho m√°s t√≥xica que la penetraci√≥n moral. del olor de barniz caracter√≠stico de la escalera. Ya en mi cuarto, hab√≠a que taparse todas las salidas, cerrar las maderas de la ventana, cavar mi propia tumba, levantando el embozo de la s√°bana, y revestir el sudario de mi camisa de dormir. Pero antes de enterrarme en la camita de hierro que hab√≠a puesto en mi cuarto, porque en el verano me daban mucho calor las cortinas de creps de la cama grande, me rebel√©, quise probar una argucia de condenado. Escrib√≠ a mi madre rog√°ndole que subiera para un asunto grave del que no pod√≠a hablarle en mi carta. Mi temor era que Francisca, la cocinera de mi t√≠a, que era la que se encargaba de cuidarme cuando yo estaba en Combray, se negara a llevar mi cartita. Sospechaba yo que a Francisca le parec√≠a tan imposible dar un recado a mi madre cuando hab√≠a gente de fuera, como al portero de un teatro llevar una carta a un actor cuando est√° en escena. Ten√≠a Francisca, para juzgar de las cosas que deben o no deben hacerse, un c√≥digo imperioso, abundante, sutil e intransigente, con distinciones inasequibles y ociosas (lo cual le asemejaba a esas leyes antiguas que, junto a prescripciones feroces como la de degollar a los ni√Īos de pecho, proh√≠ben con exagerada delicadeza que se cueza un cabrito en la leche de su madre, o que de un determinado animal se coma el nervio del muslo).

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 30 Mar 2017 15:26 
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¬°¬°¬° OLE, OLE, OLE!!!


Econom√≠a/Macro.- (Ampl.) Espa√Īa registr√≥ un d√©ficit del 4,33% en 2016, por debajo del objetivo marcado por Bruselas


El d√©ficit p√ļblico del conjunto de las administraciones p√ļblicas espa√Īolas cerr√≥ el a√Īo 2016 en el 4,33% del PIB, sin contar con las ayudas a la banca, y en el 4,54% contando esas ayudas financieras, por lo que se situ√≥ algo m√°s de dos d√©cimas por debajo con la meta de consolidaci√≥n fiscal pactada con Bruselas.

http://www.eleconomista.es/economia/not ... selas.html


Ahora vamos a contar mentiras tralar√°....


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 30 Mar 2017 16:48 
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http://elpais.com/elpais/2017/02/24/alb ... 97861.html

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 03 Abr 2017 20:34 
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El Banco de Espa√Īa prev√© un alza del 2,8 % del PIB en 2017 y del 0,8 por ciento hasta marzo


http://www.eldiario.es/economia/Banco-E ... 37348.html


Espa√Īa continua mejorando y seguro que llega alguien a joder el buen momento.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 03 Abr 2017 21:16 
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FREESVINDO escribió:
El Banco de Espa√Īa prev√© un alza del 2,8 % del PIB en 2017 y del 0,8 por ciento hasta marzo


http://www.eldiario.es/economia/Banco-E ... 37348.html


Espa√Īa continua mejorando y seguro que llega alguien a joder el buen momento.

A la vez pide que no se pida aumentos de sueldo, para que esa mejora sea neta para las empresas. A ver cuando la mejora va a repercutirse a los curritos...

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 04 Abr 2017 09:46 
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A ver si nos sorprende freesvindo con los datos macro de este pasado mes de marzo, que ya viene siendo hora. :fumando: Enviado

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BON DIA MADRID!! i CATALUNYA ENS ROBA.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 04 Abr 2017 14:31 
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ECONOM√ćA 392.453 parados menos que hace un a√Īo

El paro baja en 48.559 personas en marzo hasta los 3.702.317 desempleados
‚Ė†
La Seguridad Social registra su mejor marzo de la historia tras ganar 161.752 cotizantes


http://www.expansion.com/economia/2017/ ... b46bb.html


Todo apunta que con el PP Espa√Īa va a mas, si fuera la izquierda estar√≠amos muy jodidos.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 04 Abr 2017 16:15 
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http://jezebel.com/practice-eating-puss ... 1538152446

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 05 Abr 2017 07:54 
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La Seguridad Social registra su mejor marzo de la historia tras ganar 161.752 cotizantes

http://www.expansion.com/economia/2017/ ... b46bf.html


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Espa√Īa va con un ritmo imparable, ser√° que gobierna el PP.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 16 Abr 2017 09:18 
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S&P mejora la perspectiva econ√≥mica de Espa√Īa de "estable" a "positiva"

Con el PP estamos consiguiendo lo inimaginables

S&P mejora la perspectiva econ√≥mica de Espa√Īa de estable a positiva. Noticias de Econom√≠a

La prima de riesgo.- 148 puntos


Con Zapatero en el 2012 teníamos:

S&P baja la nota de Espa√Īa por el temor a la ca√≠da del PIB y el futuro de la banca

S&P baja la nota de Espa√Īa por el temor a la ca√≠da del PIB y el futuro de la banca | elmundo.es

La prima de riesgo.- 410 puntos

Y ahora vendr√° el artista del foro a dar la charla de que con Zapatero est√°bamos del carajo y con Rajoy nos estamos hundiendo.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 19 Abr 2017 07:00 
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El FMI sit√ļa a Espa√Īa como la econom√≠a avanzada que m√°s crecer√° en 2017

la econom√≠a avanzada que m√°s crecer√° en el 2017, por delante de Estados Unidos y Gran Breta√Īa. El Fondo ha mejorado su previsi√≥n en tres d√©cimas para situarla en el 2,6% del producto interior bruto (PIB), una d√©cima m√°s de la cifra utilizada por el Gobierno para elaborar el proyecto de Presupuestos Generales.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/ ... 17-5980625


Espa√Īa continua con un buen ritmo, Espa√Īa va mejorando.
Ahora vendrá el típico comunista a joder la buena marcha.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 20 Abr 2017 09:30 
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FREESVINDO escribió:

Espa√Īa continua con un buen ritmo, Espa√Īa va mejorando.
Ahora vendrá el típico comunista a joder la buena marcha.

Normal que venga, cada uno tiene sus intereses, t√ļ que los ricos tengan beneficios y los comunistas que esos reviertan en las sociedad.

Mientras la buena marcha sólo sea el aumento de beneficios y no el bienestar social los comunistas son necesarios para que los de abajo también se beneficien de las mejoras económicas.
Citar:
Las cifras de la verg√ľenza del empleo juvenil: paro, bajos salarios y temporalidad
(...)J√≥venes y sobradamente precarios. Cuatro de cada 10 profesionales menores de 25 a√Īos no tiene trabajo y m√°s de la mitad de los contratos que firman tiene una duraci√≥n inferior a seis meses.(...)Lejos de disminuir,la tasa de temporalidad de los j√≥venes-que se sit√ļa en el 57%-se ha incrementado en m√°s de tres puntos en los dos √ļltimos a√Īos

Las cifras de la verg√ľenza

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 20 Abr 2017 16:18 
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Sera de la verg√ľenza o de lo quesea, pero la evoluci√≥n econ√≥mica espa√Īola va hacia arriba y no como cuando gobierna la izquierda.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 20 Abr 2017 18:18 
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Ah, vale. La econom√≠a espa√Īola va bien pero a los ciudadanos espa√Īoles que les den.

Cada ocho a√Īos debe gobernar la izquierda para poder revertir los beneficios en la sociedad de la bonanza que crea la derecha cuando gobierna. As√≠ todo cuadra gracias a los comunistas, socialistas, izquierdistas o lo que sean que reparten los beneficios del capital entre el resto de los mortales

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 20 Abr 2017 18:49 
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Uy si, es gobernar la izquierda espa√Īola y empezar a rular los billetes.

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 21 Abr 2017 00:54 
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Ya empezamos a comprar el voto de izquierda.

Si gana la izquierda, repartir√°n la riquezas, como Felipe Gonzales y Boyer con Rumasa.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 25 Abr 2017 19:53 
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FREESVINDO escribió:
Ya empezamos a comprar el voto de izquierda.

Si gana la izquierda, repartir√°n la riquezas, como Felipe Gonz√°lez y Boyer con Rumasa.


Sólo hay que mirar cifras oficiales que muestran que el gasto global en educación, sanidad y protección social se ha reducido durante los gobiernos de Rajoy en comparación a los de Zapatero.

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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 25 Abr 2017 20:21 
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Registrado: 19 Oct 2015 10:45
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Claro, porque el modelo de Zapatero de gastar 100.000 millones m√°s de lo que se ingresa cada a√Īo es un modelo muy sostenible.

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Muerte a los mortales.


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 Asunto: Re: Con la mejora de la prima de riesgo, Espa√Īa va mejorando.
Nota Publicado: 25 Abr 2017 20:59 
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Ubicaci√≥n: Rep√ļblica de Catalunya i Aran
Regshoe escribió:
Claro, porque el modelo de Zapatero de gastar 100.000 millones m√°s de lo que se ingresa cada a√Īo es un modelo muy sostenible.

No saqueó la hucha de las pensiones como ha hecho Rajoy
¬Ņd√≥nde est√°n los 66 mil millones de record que dej√≥ ZP?
Ya veremos cómo se cobran las pensiones con la sostenibilidad del sistema actual...

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